jueves, 29 de septiembre de 2016

Rodolfo Enrique (el Gringo)



     El pasado martes 20 de septiembre junto a Lía , nuestros hijos, nietos y algunos primos nos reunimos para celebrar que ese día el Gringo, mi padre, hubiese cumplido 100 años, y era una ocasión muy adecuada para recordarlo. La reunión fue en lo de Lía mi hermana, luego de haber escuchado una misa en la Iglesia del Corazón Eucarístico, sobre la calle Montevideo, y el encuentro sirvió para renovar eso que no siempre es posible de materializar, con vidas tan dispares y domicilios tan lejanos.

      Más allá del acontecimiento en sí, quisiera volcar en estas líneas -íntimas y para una difusión sólo familiar-, algunas reflexiones que me asomaron ese día y que quizás tendría alojadas en algún lugar especial de mi mente. La conclusión de todas ellas fue que mi padre "siempre estuvo" a mi lado, a lo largo de esos casi sesenta años que compartimos, ya fuese estando físicamente cerca o lejos, acompañándome, aconsejándome, alegrándose y también sufriendo a mi lado en esos momentos de dolor que todos, en algún momento tenemos a lo largo de la vida.

     Lo recuerdo de chico, de bastante chico, jugando con nosotros, sacándonos a pasear en botes de remo en el Tigre, o procurando inculcarnos algunas de esas primeras tácticas y principios del rugby a un numeroso grupo de primos y amigos, con la clara intención de fundar para nosotros un club en donde poder jugar -el Pacheco Rugby Club- para el que había diseñado hasta su camiseta, porque era sin dudas un "soñador activo". Cuando comencé -años más- a jugar en otro Club, eran frecuentes sus visitas para mirar los partidos desde el costado de la cancha, invariablemente con una boina marrón que lo distinguía a la distancia.

     Como familia, los cuatro, hacíamos bastantes programas juntos, como por ejemplo los domingos en que partíamos a escuchar misas en diferentes iglesias, cuyas historias luego nos relataba, para terminar almorzando en algún lugar cercano, y así pudimos ir conociendo los distintos barrios de la ciudad, en una forma muy amena y compartida.

     Nunca quiso influenciar en la elección de mi carrera, con seguridad para no repetir historias propias que -nos relataba- a él le hicieron dejar de lado una vocación por la construcción de barcos que siempre añoró, pero sé que le gustó que hubiese elegido la suya con total convicción, y que durante muchos años hubiésemos trabajado juntos. También estuvo junto a nosotros en cada acontecimiento familiar, alegrándose o sufriendo a la par nuestra, además de compartir semanalmente encuentros familiares que no prolongaba demasiado para dejarnos descansar.

    Cuando me alejé de Bs.As. para radicarme en Neuquén, sé que le costó bastante asumir la distancia que esto implicaba, por más que se sintiera orgulloso de la marcha de la gestión de su hijo, que seguía con mucha atención, viniendo con frecuencia a visitarnos, primero en largos viajes de tren y luego de ómnibus, para prolongar en casa algunas estadías que nos permitían mutuamente seguir actualizando vivencias y crecimientos. Tengo muy presente los festejos de sus 70, aquí en Neuquén, hoy que yo ya los he pasado.

    Luego llegaron los inevitables achaques que la vejez lleva implícitos, los que se fueron agravando sobre todo después de la repentina muerte de mamá, y entonces invertimos las visitas y era yo quien venía hacia aquí, adonde simplemente nos limitábamos a charlar y a intercambiar opiniones sobre muchas cuestiones, inclusive personales, que con mucho respeto me planteaba. Y así es como lo recuerdo, siempre atento a lo que me pudiera estar ocurriendo, presente pero respetuoso de mis decisiones, aún sin compartirlas o comprenderlas.

   No puedo decir que no lo extraño; han sido muchos años de compartir vivencias de todo tipo; cada vez que me alejaba para retornar al sur, lo hacía angustiado, porque lo veía muy solo aunque Lía estaba siempre muy atenta y solícita con él, pero no se animó a aceptar una invitación de venirse a vivir con nosotros, quizás porque su mundo estaba en su querida  Bs. As. y allí es en donde se sentía mejor, entre sus cosas.

   Con Anamá vinimos a compartir con él el que sería su último festejo de Año Nuevo, nada menos que el del año 2.000, el del cambio de siglo al que siempre quiso llegar, y que lo esperó para cumplirle ese viejo deseo, como si fuese el último, porque fue ese año el que le vio partir, con todos los temores que lo desconocido acarrea, pero con la tranquilidad de una vida correcta y honestamente transitada, en todos los sentidos, y rodeado de hijos, nietos y de su hermano mayor: sus afectos. Por mi parte tengo bien grabadas en la mente las últimas palabras que me dirigió -junto a su sonrisa esperanzada-, y ellas me acompañan siempre.

    Por todo eso que fue; por como se comportó con nosotros como con casi todos los que esa noche estábamos ahí, los que teníamos algo para agradecerle: un consejo, un apoyo, una palabra, una sonrisa, esa noche sus hijos, nietos y sobrinos, acompañados de bisnietos, nos reunimos para festejar su centenario y simplemente agradecerle  desde esta distancia que hoy -pensamos- por un tiempo nos separa..





martes, 28 de julio de 2015

Algo más sobre la Familia Verdaguer.-


     A raiz del comentario que nos hiciera llegar César García Belsunce sobre la familia Verdaguer y que se publicara anteriormente, me escribió Rodolfo H. Pompo, Verdaguer por parte de su madre, completando aquella información y agregando otros datos que nos permiten conocer la descendencia de los dos hermanos varones de Rita, hasta el presente.

     Como apuntaba César, se llamaban Antonio y Juan y ambos participaron en la Guerra contra el Paraguay, de la cual felizmente regresaron. El primero tuvo dos hijos María del Rosario, que mantuvo una cercana relación con la familia Rivarola y Lindolfo que es quien se vinculó con el circo, actividad a la que se dedicó hasta el fín de sus días, en el año 1952.

      Este Lindolfo Verdaguer tuvo dos matrimonios. Del primero nacieron Lindolfo (hijo), Armando y Oscar, y habiendo enviudado se casó con Aida Queirolo que era la única integrante femenina de un reconocido grupo de acróbatas que aquella integraba con sus seis hermanos, en actividad que les llevó a actuar con singular éxito en España, Francia y Alemania. Es de esta nueva unión que nacieron en Montevideo Lidia -la madre de quien me escribiera- y Juan Francisco, el reconocido y recordado humorista de los 60 y 70..

     Recuerda Pompo que tuvo la oportunidad de disfrutar de chico viendo actuar a su abuelo como payaso, haciendo el papel del torpe, con sus zapatones, trajes holgados y maquillaje risueño, y que era quien recibía las bofetadas que a todos hacían reir.

     De los hijos mayores de  Lindolfo, nos cuenta que Lindolfo (h) se casó con Maria Elena Brandariz y tuvieron dos hijos: Horacio y Hugo Verdaguer; en tanto que Armando se casó con Elsa Mobaied y también tuvieron dos hijos: Armando (h) y Liliana; mientras que el tercero, Oscar, que se casó con Beatriz Chichizola, tuvo tres hijos: Beatriz, Alicia y Oscar (h).

     Por la otra rama de los hermanos de Rita, tenemos a Juan, quien a su vez tuvo dos hijos: Elena y Armando, que llegó a ser General de la Nación con la actuación que recuerda César en su nota, y que según me cuenta Pompo tuvo una muerte valiente, pero trágica, a manos de quien entrara a robarle y a quien a su vez pudo matar antes de morir. Su hijo Abel Verdaguer llegó a ser Comandante de la Gendarmería y como tal Jefe de la Policía de Rosario durante el gobierno de Onganía.

     Por último me cuenta Pompo que su esposa es Susana Clifford; han tenido tres hijos -Ana María, Patricia y Susana- y cinco nietos y su hermana menor es Aída Verdaguer, casada con Luis Miranda Martas, vive en el Uruguay. También me transmite que su tía Juan Verdaguer, el famoso humorista, tuvo cinco hijos en sus primeros tres matrimonios, y que se caso cinco veces, cada 15 años y con mujeres que tenían 20, pero sin descendencia de su apellido.

     Entiendo que con los dos aportes, el de César y ahora el de Rodolfo Pompo hemos podido  completar  todos los datos relacionados con la familia Verdaguer, que tienen con Antonio Verdaguer y María Piera los mismos lazos de sangre que nosotros, los Rivarola.  

      

     

miércoles, 30 de julio de 2014

La familia de Rita Verdaguer.-

   
     Todos sabemos en la familia que Enrique, el primero de los Rivarola de nuestra rama que se radicara en estas tierras argentinas, a mediados del siglo XIX, estaba casado con Rita Verdaguer, de origen catalán,  y es de ellos dos que todos nosotros somos sus descendientes. Empero son muy pocos los que conocen que fue de esta familia -la de los Verdaguer- de la cual -en cierta forma- también formamos parte, y por eso me ha parecido muy interesante volcar en estas páginas de relatos familiares, un colaboración que me enviara Cesar García Belsunce, de la 3a. generación de los Rivarola en la rama de Rita, la menor de los hijos de aquellos Enrique y Rita.-

     " Rita Verdaguer era la segunda hija de Antonio Verdaguer y de María Piera. Antonio y María tuvieron por lo menos cuatro hijos: Francisca y Rita, nacidas en Barcelona y Juan y Antonio, nacidos en el Río de la Plata, no se sabe si en Montevideo o en Buenos Aires.

      Ya en América, Francisca casó en Buenos Aires con un señor de apellido Baizán, de quien tuvo tres hijos: Julio, Delmira y Francisca, pata todos "Panchita", que mantuvo relación con sus primas Rivarola, es especial con Lola. Yo la conocí en las bodas de oro de Lola: una viejita menuda y muy alegre, que derrochaba simpatía. Delmira, por su parte, casó con su primo Enrique Rivarola, con quien tuvo a Victor Enrique y a Enrique Esteban.

         Rita nació el 18 de agosto de 1838 y se casó a los 18 años en Buenos Aires el 16 de noviembre de 1856 con Enrique Rivarola, nueve años mayor que ella. Tuvo la larga descendencia que conocemos y falleció en Buenos Aires el 8 de septiembre de 1880.

          Su hermano Juan se alistó muy joven en las tropas argentinas que lucharon contra el Paraguay; no sabemos con quien se casó, pero sí que tuvo dos hijos: María y Juan. María permaneció soltera, cuidó de los hijos de Enrique E. Rivarola cuando este enviudó, y fue muy compañera de Rita Rivarola de Belsunce, amistad peculiar pues siempre discutían y se peleaban, pero no podían estar la una sin la otra. María disponía de la pensión de su padre como Guerrero del Paraguay.

           Su hermano, Juan, espíritu bohemio, desapareció un buen día y nunca se supo de él; se decía en la familia que era dueño de un circo. Reapareció años después con sus hijos, Ricardo, Juan -que fue un célebre cómico en el cine y en la TV nacional- y otros de cuyos nombres no ha quedado memoria.

         El hermano menor (de Rita), Antonio, tuvo una vida normal. Se casó -no he encontrado quien recuerde el nombre de su mujer- y tuvo dos hijos: Elena y Armando. Elena era una mujer distinguida que se casó con un Martinez Ferrer, de las primeras familias cordobesas. Era escribano y se dedicó a la política, a consecuencia de lo cual, en vísperas electorales, fue asesinado en cercanías de su casa. No conozco en que circunstancias ella perdió -o fue despojada- de los cuantiosos bienes de su marido y tuvo serios problemas para educar a sus cuatro hijos.

            Estos fueron Horacio, que se distinguió como pintor y casó con Graciela Peiró; María del Valle, bonita y muy entretenida, que visitaba nuestra casa muy asiduamente y fue una de las mejores amigas de mi madre. Estaba muy orgullosa de su rancia estirpe cordobesa y se lamentaba de tener que trabajar como empleada en el Ministerio de Guerra, cargo que le había conseguido su tío Armando; ya grande se casó con el Dr. Jorge Ballesteros, un señor a su medida. Sus otras dos hermanas fueron Ofelia y Olga, más bien feitas, que creo que permanecieron solteras.-

            Armando Verdaguer fue militar; hombre alto, bien parecido y simpático, permaneció en el Arma de Ingenieros; ascendió a General de Brigada y en diciembre de 1936 fue Comandante de las Fuerzas Aéreas del Ejercito y le tocó inaugurar la Escuela del arma en las afueras de la ciudad de Córdoba, cargo que desempeñó hasta agosto de 1938.

            Pasó a ser Jefe de la Dirección General de Ingenieros Militares y ese año le tocó intervenir en la denuncia del negociado de las tierras del Palomar. Las 220 has. estaban tasadas en $ 1.900 la ha. pero fueron compradas en $ 11.000 cada una. Consultada la Dirección General de Ingenieros dictaminó el 15 de febrero de 1939 que el valor era de $ 1.900 la ha. pero que atento los costos de un juicio por expropiación sería razonable un precio máximo de $ 4.000 por unidad. Al día siguiente Verdaguer elevó ese dictamen al Ministro, que fue determinante para la denuncia del senador Villafañe, que le costaría la renuncia al Ministro de Guerra, Gral. Márquez, y donde hubo siete condenados a prisión. Tras el golpe de estado de 1943 Verdaguer fue nombrado Interventor de la Provincia de Buenos Aires, tras lo cual se retiró a su vida privada. Tuvo una hija, cuyo nombre no recuerdo".

Apostillas.- Hasta ahí el relato de César. Me han llamado la atención algunas referencias. En primer lugar lo ligado entre sí que en sus inicios se encontraban las dos familias, Baizán-Verdaguer y Rivarola- Verdaguer, al punto que Delimira Baizán-Verdaguer se casó con su primo hermano, por parte de ambas madres, Enrique Rivarola-Verdaguer; luego se apunta que Francisca "Panchita" Baizán, mantuvo una muy buena relación con sus primas, sobre todo con Lola Rivarola, iniciadora de la estirpe de los Rocca Rivarola; y que Rita, la menor de las Rivarola hijas de Enrique y Rita Verdaguer, fue muy amiga de su prima María Verdaguer, con la cual mantuvo una relación de amor y desencuentros permanentes.

La segunda referencia que no por conocida, me sorprende del relato es la historia del segundo Juan Verdaguer, el hijo del Guerrero del Paraguay y hermano de María, de quien recordaba haber escuchado decir a mi padre que quedó perdidamente enamorado de la trapecista de un circo que pasó por donde él vivía y se fue tras ella, reapareciendo muchísimos años después con varios hijos y, según el relato de César, siendo "el dueño del circo". También recuerdo haberle escuchado alguna vez a Juan Verdaguer -el tercero de este nombre- que efectivamente eran un gran comediante, relatar las historias de su nacimiento e infancia en un circo en el que trabajaban sus padres. Una linda historia y ....además.....quien no habrá soñado alguna vez con irse detrás de un circo !

También llamó mi atención las referencias tan concretas al negociado con la compra de las tierras del Palomar -con destino a la Escuela de Guerra- que nuestro bueno de Armando Verdaguer logró desbaratar, a estar al relato. Esto muestra que, lamentablemente, también nuestro pasado tiene mucha historia de   negociados y trampas, y que pareciera que estamos como predestinados a convivir con ellos, día a día.... que no aprendemos más.

Finalmente recuerdo que en una antigua entrada de este blog hay un relato del traslado de los restos de  Enrique y Rita, los fundadores de nuestra familia, los que finalmente reposan juntos y en paz, para siempre.


              

lunes, 21 de abril de 2014

Doménico Rivarola ( un patriota corso)


    Patricia de Elias, Rivarola de la 4a. generación por parte materna, encontró un viejo manuscrito de su madre, escrito en dos hojas de un cuaderno, con una semblanza de este personaje, y puestos a investigar un poco, nos parece interesante incorporar a este " archivo " familiar algún comentario de quien naciera en Bastía, la capital de la isla, en el año 1687. 

     Como todos sabemos los Rivarola son de la orilla de enfrente, de Chiavari, y en su gran mayoría adhirieron siempre a la causa genovesa. Sin embargo, el padre de Doménico, Nicolo Rivarola al casarse con Paola María Verdoni d´Omessa, perteneciente a una de las familias más tradicionales de Córcega, se traslado a vivir a la isla en donde se consolidó su familia. Allí nació Elena, quien con el tiempo se casó con Ignazio Frediani, mientras que Doménico lo hizo con Diana Fedriani, hermana de aquel y cinco años mayor que su esposo.

        Dada su condición de parentesco tanto con los corsos como con los genoveses, cuando comenzaron los conflictos entre ambos Doménico procuró intermediar para que, haciéndose concesiones recíprocas, se evitara un conflicto que se adivinaba sería prolongado y ciertamente con las desventajas que todo conflicto armado acarrea. Sin embargo " la Serenísima " -como era conocida por entonces la República de Génova -permaneció sorda a sus consejos, motivando que Doménico se volcara totalmente en defensa de los intereses de su tierra de nacimiento.

        Así, al arribar a la isla en el año 1736 un pintoresco personaje alemán como fue el barón Teodoro de Neuhoff, quien aprovechando la euforia independentista local logró ser proclamado rey de Córcega -tras prometer que así se lograría el apoyo de países europeos hacia la causa de la isla-, Doménico fue designado nada menos que Secretario de Estado, pero esta gestión real no se prolongó más que por ocho meses ya que el bueno del barón debió alejarse para conseguir personalmente los apoyos prometidos -que no llegaban- y nunca más regresó.

          En tanto nuestro Doménico partía, a su vez, hacia Cerdeña con el mismo objetivo, logrando que efectívamente, Carlo Manuel III, rey de Cerdeña, apoyara la lucha de sus vecinos, designando a Rivarola coronel de las tropas que reclutara en esa isla y a las cuales se le agregaron inglesas y austríacas, con las cuales logró infringir a los genoveses una importante derrota al conseguir expulsarlos de Bastía, su bastión familiar, que así recuperó para la causa de la independencia, siendo ascendido al grado de general, ahora de las tropas corsas, todo lo cual derivó en que la República de Génova tomara venganza poniendo en prisión a dos de sus hijos varones - Antonio y Nicolo - a quienes se amenazara de muerte y confiscando los bienes que por herencia tenía en Chiavari, lo que no amedrentó a nuestro pariente que siguió implacable en su lucha logrando -junto a otros patriotas- ir recuperando casi todas las plazas que los genoveses ocupaban.

          Al no poder mantener el poder efectivo sobre esas ciudades, la estrategia genovesas consistió en comenzar a sembrar desconfianzas entre los diferentes jefes del movimiento insurreccional, logrando finalmente generar un marco de descontento hacia la figura de Doménico quien renunció a los cargos que desempeñaba y se alejó hacia el continente, más precisamente a Turín, con la finalidad de obtener ayuda de los países europeos aliados a Cerdeña para consolidar el movimiento independentista en Córcega, pero allí repentinamente le alcanzó la muerte, en el año 1748, a la edad de 61 años,  sin haber podido ver triunfar su objetivo de lograr -para su tierra- la independencia de Génova, que finalmente llegaría de la mano de los franceses bastante tiempo después.

              Doménico y su esposa Diana tuvieron nueve hijos, tres varones y seis mujeres, de las cuales cuatro fueron monjas. De los varones, Francesco, el mayor y militar como su padre, al servicio de los reyes de Aragón pero también colaborando con su padre, falleció en un enfrentamiento en Nápoles dos años antes que aquel.

             Antonio, el sexto hijo de Doménico, nacido en 1719 y educado en Siena, fue militar como su padre y su hermano mayor y representante oficial en el continente del líder del movimiento rebelde corso Pascual Paoli, con el cual mantenía secreta correspondencia por medio de una hermana suya -Doménica- superiora de las Hermanas Ursulinas; casado con Anna Porzia Barbaggi, única heredera de una de las familias más ricas y encumbradas de Córcega, tuvieron cuatro hijos, dos mujeres y dos varones, siendo seguramente hija de alguno de estos dos varones la famosa -en nuestra familia- Francesca Rivarola, la frustrada pretendiente de Napoleón Bonaparte a quienes se les impidió casarse por ser considerado -el novio- un "pobre tenientillo" del ejército francés, y terminar sus días -la novia- como Abadesa en un Convento de las Clarisas

       En cuanto al tercer hijo varón de Doménico, que fue Nicolao -el menor de los nueve- que fue capturado por los genoveses junto a su hermano Antonio, en el año 1765 emigró a Inglaterra en donde se estableció, dando origen a la primera de las dos ramas de nuestra familia que allí residen.

          De las seis hijas mujeres de Doménico, Ignacia, Doménica -la espía patriota-, Donalice y Aurelia fueron monjas, mientras que Violante y Anne Marie se casaron y tuvieron descendencia, con el apellido de sus respectivos maridos

                 



   






   

              









viernes, 28 de marzo de 2014

La descendencia de Esteban Rivarola

      Todos los que provenimos de la rama que iniciara -en la Argentina- Enrique Rivarola, sabemos que llegó al país desde su Chiavari natal en el año 1848, con 19 años de edad cumplidos durante la travesía y que venía  acompañado de su hermano Esteban (Stefano), nueve años mayor y que a su vez viajó junto a su esposa María Ana Garibaldi y a su pequeño hijo José María (Pepe), de un año. Pero es muy poco lo que se conoce que sucedió con Esteban y su eventual descendencia.

      Por algunos comentarios que vierte Rodolfo Rivarola -su sobrino- en el libro de la familia, sabemos que puso una casa de joyería y platería, primero en Buenos Aires y luego en Rosario, adonde un tiempo después se trasladaron los dos hermanos con sus respectivas familias -Enrique ya estaba casado- ocupando una propiedad que adquirió Esteban en la calle Córdoba junto al edificio de la Sucursal del Banco Nación, y en la cual  comenzaron a llegar los hijos de ambos.

       También por el relato de Rodolfo sabemos que retornó a Italia, aproximadamente en el año 1860, y casi nada más. Puesto a investigar sobre su descendencia, encontré entre los papeles de mi abuelo Horacio -que guardaba mi padre- una carta fechada en Génova el 4 de enero de 1923, escrita en español por uno de los hijos de Esteban, muy probablemente César, y en la que -a pedido de mi abuelo- le refiere  las fechas y lugares de nacimiento de sus hermanos, y a partir de esa información continué indagando sobre ese particular, junto a la invalorable ayuda de un bisnieto de Esteban -Daniele Bo- que reside actualmente en Génova, y entre los dos fuimos procurando dar forma al árbol de los descendientes de aquel, que si bien está aun incompleto, considero que ya es tiempo da darlo a conocer.

        Descendencia de Stefano Rivarola (1822) y Maria Ana Garibaldi (1824), casados en Italia en el año 1845. Ellos tuvieron tres hijos:

1.- José María Rivarola (Pepe), nacido en Chiavari en 1847, de quien refiere Rodolfo Rivarola en el libro de la familia que fue marino mercante; que como tal hizo algunos viajes a Buenos Aires y que luego de haberse retirado se desempeñó como Consul argentino en Chiavari durante unos cuantos años.

        Pepe Rivarola se casó en el año 1889 con Ercilia Saplanza y tuvieron dos hijos: 

       1. 1 .- Carlo Stefano Rivarola -el Marqués- que tuvo tres matrimonios y que vivió entre Chiavari y Franckfurt (Alemania), adonde habría casado por última vez con Elisabetha Reissman,  en el año 1982 .
En la familia Rivarola italiana, risueñamente, se lo llamaba "il Marchese Rivoltella" (revolver), porque contaba que habiendo encontrado a su esposa en la cama junto a otro, allí no más "pum...pum....pum y asunto arreglado"

          El Marqués tuvo a su vez dos hijos varones:

         1. 1. 1.- Giuseppe María, fallecido en el año 1982, quien a su vez es el padre de

       1. 1. 1. 1.- Alfredo Rivarola, que actualmente vive en la Toscana y que junto a sus hermanos -de quienes aun no tenemos referencias concretas- serían los únicos Rivarola que en Italia mantienen nuestro apellido, a menos que también hubiese tenido descendencia masculina su tío:.

         1. 1. 2.- Paolo Camilo.  ( De quien no tenemos ninguna otra referencia o dato)


2.- Ricardo Rivarola, nacido en Buenos Aires en el año 1852, falleció, sin descendencia, en Génova en donde vivía en una gran mansión, ya que habría tenido una gran fortuna..

3.- César Augusto Rivarola, nació en Rosario en el año 1854; trasladado  a Italia junto con su padre, permaneció allá trabajando como fotógrafo, actividad en la que fue muy reconocido..

           En el libro de la familia que escribiera hace muchos años Rodolfo Rivarola se menciona que Esteban retornó con su familia a Italia a comienzos de 1861. Pero lo que no se nos dijo fue que allá en Italia enviudó y se volvió a casar unos diez años después, en el año 1872 con Rosalía Solari, para volver a la Argentina adonde tuvieron cuatro hijos más:.

 4.- Guido Rivarola, nació en Rosario en el año 1872 y ya mayor vivió en Italia en donde se casó con una francesa, Elvira Favre que, cuando enviudó, se fue a vivir con su cuñada Elena Rivarola en Sestri Levante.

5.- Emma Rivarola, nació en Rosario en el año 1876 y aquí permaneció viviendo siempre. Se casó con Juan Windels, y tuvieron dos hijos, ninguno de los cuales tuvo descendencia.

     5. 1.- Ricardo Windels.-

     5. 2.- Guillermina Windels

6.- Aurelio Rivarola, nació en Rosario en el año 1878, pero murió infante.-

7.- Elena Rivarola, la menor de los hijos de Esteban, nació también en Rosario, en el año 1883, por lo que era 35 años menor que su hermano José María (Pepe). Se casó en Italia con Victor Bo, residiendo en Sestri Levante, adonde tuvo un hijo varón:

     6. 1.- Marco Bo.- Este primo segundo de mi abuelo Horacio y a quien conocí en su casa, se había casado en Rosario con Elisa Gambero y trasladado durante la década de los 50 a la Argentina por cuestiones laborales, estuvo muchos años radicado en el sur del Gran Buenos Aires (Coghlan) adonde nacieron y se criaron sus dos hijos varones:

    6. 1.- Vittorio Bo, actualmente radicado en Milán, se casó con Federica Cassini y tuvieron tres hijos:

       6. 1. 1.- Marco Bo.-

      6. 1. 2.-  Benedetto (como su bisabuelo, el padre de Esteban y Enrique) Bo.-

      6. 1. 3.-  Ludovica Bo.-

        6. 2.- Daniele Bo, actualmente radicado en Génova, se casó con María Giossepina Cottelessa y tuvieron dos hijas mujeres, una de las cuales está actualmente de novia con Federico, el hijo menor de Florencia Rivarola:

        6. 2. 1.- Marta Bo.-

        6. 2. 2.- Elena (como su abuela, Elena Rivarola) Bo.-


              Por lo que hemos podido reunir, entonces, el tío Esteban o Stefano tuvo siete hijos, de dos matrimonios, siendo padre de Elena, la menor, cuando tenía 60 años. No obstante, existe descendencia sólo del mayor, Pepe, por quien se mantiene actualmente en Italia el apellido Rivarola y de la menor, cuyos descendientes son los Bo.





miércoles, 12 de febrero de 2014

Religiosos en la familia



     En un manuscrito en italiano que se encontraba entre viejos papeles y antecedentes familiares que guardaba mi abuelo Horacio, y que según se indica en su encabezado ha sido copiado del 4o. volumen de otro manuscrito, se transcribe un relato de Filippo Casoni en los "Anales de Genova" en el que luego de relatarse la conocida historia inicial de los Rivarola y su radicación en el primitivo Castillo cercano a Chiavari, se detiene luego en la enumeración de las que denomina "Dignidades Eclesiásticas en la familia Rivarola" que me pareció interesante darla a conocer.
     La transcripción que sigue es textual:
    ---- " Beato Bonifacio de Rivarola; de las Ordenes Menores franciscanas; Maestro provincial de la misma Orden en el año 1300; murió ese año en el Convento franciscano de Génova, donde fue sepultado. Sus sagrados restos fueron encontrados en esa iglesia en el año 1636 y llevados en solemne procesión a la ciudad, para luego ser colocados en un altar de la misma Iglesia conventual."
    ---- " Paolo Rivarola; hijo de Francesco y nieto de Doménico; fue Nuncio en Portugal y murió envenenado, en la calle.
            Se añade en el texto que su padre -Francesco- fue quien en el año 1533 recibió del Emperador Carlos V la confirmación del "privilegio" del Emperador Maximiliano -abuelo de aquel-. Este Francesco intervino luego en la conspiración al conde Gio Luigi Fiesco (sus enemigos de cinco siglos) y fue declarado rebelde. Obtuvo la Abadía de San Antonio de Parma para Monseñor Giulio, su hijo, quien así sucedió a Matteo Rivarola (ver más abajo), cuando este fue designado Arzobispo de Génova."
    ---- " Oberto Rivarola; hijo de Ambrogio y nieto de Oberto; Refrendario de una y otra Signatura y Gobernador en Peruggia
     Se aclara que la Signatura Apostólica, más formalmente, es el Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, la más alta autoridad judicial de la Iglesia Católica, junto al Papa. Al aludirse a "una y otra" seguramente se hace referencia a la de Génova y a la de Roma.
    ----- " Matteo Rivarola; hijo de Vincenzo; Abad de San Antonio en Parma; transferido en el año 1596 al Arzobispado de Génova, por cesión de Alessandro Centurione. Murió en el año 1.600 y su cuerpo se encuentra en la Catedral de San Lorenzo."
    ----- " Doménico Rivarola; hijo de Octavio; fue obispo de Alonia en Córcega en el año 1608; fue nombrado Cardenal en San Martino ne ´ Monti por el Papa Paolo V  en el año 1611 "
     Se añade en el texto que instituyó dos becas, abiertas, para asistir al Colegio de Estudiantes  de Siena, para alumnos que debían ser escogidos por su hijo Francesco y luego por los sucesores de éste.
    ----- " Ottaviano Rivarola; obispo de Aiaccio en Córcega en el año 1627" Se agrega en el texto que Stefano Rivarola .hijo de Ottavio, que habia sido Senador de Génova en el año 1619, era el Gobernador de Cóocega desde el año 1620."
   ----- " Marco Rivarola; Canónico de la Catedral de San Lorenzo y Arcipreste de la Iglesia Parroquial de Ntra. Signora delle Grazie en el año 1629, que hizo restaurar y embellecer con ornamentos marmóreos la Capilla de la Madonna, como lo refiere su lápida."
    ------ " Paolo Simone, religioso de los Frati Carmelitani Scalzi; luego de la legacía pública al Rey de Prusia, fue Procurador General de su Orden en el año 1632."
    ----- " Giovanni Antonio Rivarola, sacerdote de los Ermitani di Sant´Agostino; Maestro de Teología Sagrada y autor de la obra incluida por Raffaello Sopranis en "Li scritori della Liguria" del año 1626".-
    ----- " Agostino Rivarola, hijo de Negrone; obispo de Albenga en el año 1730 (esta fecha es errónea porque nació en el año 1758) ".
     De este Agostino hay mucho material, más allá de lo sintético de esa referencia, porque fue Cardenal, elegido en el año 1817 como premio a numeroso servicios prestados con anterioridad a la Santa Sede, y falleció en Roma en el año 1842 a la edad de 84 años y fue enterrado en la Iglesia de san Marcello al Corso en el altar de la Addolorata en un sencillo sepulcro que había ordenado en vida.
    ----- Más allá de todas esas antiguas referencias, los Rivarola de este lado del Atlántico también hemos tenido -y aun tenemos- entre nosotros a varios miembros dedicados a Dios en diferentes lugares.
    ----- Desde luego que entre ellos está nuestra querida madre Stela Rosa Rivarola, de la 3a. generación argentina, de la Comunidad Religiosa del Sagrado Corazón; mientras que Cecilia  Vaccarezza -hija de Inés Roca Rivarola- de la 4a. generación, pertenece a las Hermanas Catalinas.
     ----- Entre los varones, actualmente tenemos a dos sacerdotes en la familia: Juan de Nevares, hijo de Malelé Rivarola, en el Opus Dei y a Agustín Rivarola -hijo de Ignacio y nieto de Pepe- que es jesuita. El primero es de la 4a. generación mientras que Agustín -además- es de la 5a. por parte de su abuela paterna.


Nota.- En el comentario titulado "Los Rivarola Genoveses" en este mismo blog hay bastantes referencias de los eclesiásticos que arriba han sido mencionados.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Clelia Susana (la Beba) Luro Rivarola.-


                               


     En los primeros días de noviembre falleció en Buenos Aires, a los 86 años,  una de las descendientes de los Rivarola de la Argentina que actualmente contaba con mayor edad: Clelia Luro, Rivarola por parte de su madre, también Clelia, una más de esa larguísima lista de primos hermanos que era los nietos de Rodolfo Rivarola, y con quien mi padre -el Gringo- tuvo un lindo vínculo, sobre todo durante la niñez de ambos, aunque mi padre eran algo mayor. Quizás por eso -no lo se- el la apodaba "la Beba", y siempre siguió llamándole así "la Beba Luro" a pesar del transcurso de los años, de modo que recurriré a ese apelativo para referirme a ella, desde luego que de una manera muy cariñosa.
                                      
     Los lindos recuerdos de la niñez y la primera adolescencia se vinculan, con muchísima frecuencia, a los veraneos, a esos largos períodos de ocio compartidos con hermanos y primos. En este caso, los recuerdos de mi padre se remontaban frecuentemente a los que habían pasado en "el Chara", una viejísima estancia que Rufino Luro Cambaceres -padre de Clelia y uno de los pioneros de la aviación civil de nuestro país- tenía en la desembocadura del rio Colorado, en el sur de la provincia de Buenos Aires.
    Con los años, su primer matrimonio llevó a la Beba a radicarse en Salta, donde nacieron cinco de sus seis hijas mujeres, una de las cuales -Nanina- durante algunos inviernos venía a vivir con nosotros a Buenos Aires para poder concurrir a una escuela especial que estaba tan lejos de su casa salteña. Para nosotros - Lía y yo- que sólo eramos dos hermanos tener en casa a Nanina, como una hermanita menor, era toda una fiesta.
    Pasaron los años y un buen día nos enteramos que la Beba Luro se había venido de Salta a Buenos Aires, con sus hijas y una más en camino, y algún tiempo después estalló "el escándalo" de su relación con el obispo de Avellaneda, Mons. Jerónimo Podestá, uno de los hombres más influyentes de la Iglesia argentina de los años 60, con todas las consecuencia que esto implicó y que tanto hizo sufrir a ambos, quienes a pesar de todo permanecieron juntos, enfrentando cuanto se les puso en contra y dando un permanente batallar por lo que consideraban injusto: el famoso celibato sacerdotal obligatorio de la Iglesia occidental.
    Casados por la ley argentina, Clelia enviudó en el año 2.000, pero siguió adelante con su prédica constante en favor de la derogación de esa norma eclesial, compromiso infatigable en el que le sorprendió la muerte, ya que se había contactado con el Papa Francisco -con el cual mantenían una vieja amistad- para hacerle llegar su último libro con destino al grupo de Cardenales que está analizando los eventuales cambios y modificaciones que la Iglesia de hoy viene reclamando.
   En la familia grande de los Rivarola de la Argentina no pudimos disfrutar de su presencia cuando nos reunimos el año pasado. Hoy, lamentamos profundamente su partida y acompañamos con todo cariño a sus hijas, nietos y nietas, y con seguridad bisnietos, pero sabemos que luego de tantas batallas, finalmente han logrado su objetivo: vivir juntos y en paz. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

La adolescencia y juventud de Carlitos Rivarola


     Hace unas semanas tuve la enorme alegría de encontrarme en Genova con Florencia Rivarola y su marido, Filippo Bennicelli, quienes muy cálidamente nos recibieron en su casa. Una mañana, revisando viejos recuerdos que Flor. tenía guardados, encontramos una página escrita a máquina por Carlitos, su padre, en el mes de diciembre del año 1988, y en la cual recuerda con mucha nostalgia los días de su adolescencia y juventud transcurridos entre 1920 y 1930, cuando Buenos Aires era "otro mundo", y que me parece apropiado transcribir aquí, sobre todo para todos aquellos que hemos llegado después y que  conocimos una ciudad distinta y para quienes siguen llegando, desconociendo tanto aquel primero como el nuestro.
 
     "  En mi juventud -en la tercera década de este siglo- (se refiere al siglo XX) nuestro país fue un lugar tranquilo y casi diría feliz, si bien en ese entonces, y creo que así siguió siendo, al decir nuestro país digo Buenos Aires, que es en realidad el símbolo o el extracto del país. En ese período se alejaba el recuerdo de la Primera Guerra Mundial (1914/18) y no se veía en el horizonte lo que vendría en la década siguiente, las posteriores que se sucedieron después de ella, como focos aislados de un incendio nunca extinguido. En esa década mía, pues, ya no hablábamos de la Gran Guerra, que era argumento de las novelas (Erich María Remarque) y de esporádicos éxitos del cine en blanco y negro.
 
     Buenos Aires, mi ciudad, era todavía la Gran Aldea, tranquila, sin sobresaltos, ni paros generales o sorpresivos. Teníamos todavía los tranvías con guarda y "motorman", en los que aquellos nos vendían los boletos en nuestros asientos y, en ocasiones especiales, ayudaban con galantería a subir a las señoras ancianas. También teníamos a Gardel y a los grandes desfiles del 25 de Mayo o del 9 de Julio.
 
     Entre los diez y los quince años podíamos andar en bicicleta por nuestro barrio de Palermo y hasta ir al colegio, en Rio Bamba y Viamonte en ese vehículo hecho tan bien para la medida del hombre. Por supuesto no había televisión y la radio estaba en pañales. El cine era cosa de los domingos....pero teníamos algo que ha ido perdiendo importancia, o categoría, o riqueza: teníamos tiempo, algo tan natural que no le dábamos su verdadero valor; pero para quien quisiera y supiera aprovecharlo, teníamos tiempo de leer, de pensar, de escribir, de dormir, de crecer.....tiempo de vivir....
 
     Nuestra ciudad era acogedora, con su mayoría de barrios con casas bajas, o de "altos y bajos", o de dos o tres pisos. El "centro" nos era casi desconocido, salvo cuando nos llevaban a comprar un traje en Harrods o Gath & Chaves. Al final de esa década el único rascacielo era el SAFICO y no existían todavía ni el Comega ni el Kavanag.....y a cada habitante de la ciudad le tocaban tantos metros cuadrados de superficie en calles y parques, y tantos metros cúbicos del buen aire, para respirar.
 
     En esos tiempos, no sabíamos lo que era un dólar, ni los telefonos automáticos. La "Unión Telefónica" era una empresa respetable y por el teléfono pedíamos el número a unas "señoritas" invisibles (siempre eran señoritas) muy amables. Y lo mismo pasaba con los reclamos: estábamos muy lejos de los fríos contestadores automáticos. Para hablar a mi casa se pedía "Palermo 41"...
 
      Había desperfectos y apagones de luz solamente en las grandes lluvias. Existían dos compañías rivales: la "Italo" y la "Chade"; en cambio la "Primitiva de Gas" era una sola.....pero en mi casa la cocina era de carbón. Los tranvías y el subte eran del "Anglo" y algunos del "Lacroze". En fin, podría seguir escribiendo muchas cosas de ese tiempo feliz en esos diez años que transcurrieron entre la "primaria" y la "secundaria", terminando con el ingreso en la Facultad.....
 
    Pero los años, y los meses, y los días son medidas de tiempo, y como tales, pasan y pasan. Por eso, todos juntos, se denominan "el pasado"..... "  

miércoles, 19 de junio de 2013

Los Rivarola genoveses


     Gloria Cucullu (de la 3a. generación de los Rivarola argentinos, en la rama de María Luisa Rivarola de Cucullu, la menor de los hijos de Enrique y Rita) recibió hace un tiempo las copias de una crónica más o menos contemporánea publicada en Chiavari sobre la historia del famoso Castillo Rivarola, sobre los orígenes del título de nobleza acordado a la familia y sobre de algunos de nuestros antepasados genoveses más conocidos, que le pareció que sería interesante de publicar en este blog destinado a las historias o relatos que nos son comunes a los Rivarola.
     El trabajo se titula "Los Rivarola. Su nobleza proviene de dos Emperadores" y comienza con el ya conocido relato del traslado de Guglielmo Rossi (conde de San Secondo) desde Parma a la Liguria en el año 1089, al haber sido despojado de su castillo de Rivarola por ser "gibelino", vale decir fiel al Emperador y contrario a los "güelfos", partidarios del papado, estableciendo otro sobre un elevado cerro en los confines del Condado de Lavagna que, en honor a aquel primero, también llamó de Rivarola,  adonde contrajo matrimonio con una de las hijas de Tedisio Fiesco,  conde de Lavagna, bastantes años más jóven que él, y allí fundó nuestra familia Rivarola.
    Parece ser que este Tedisio Fiesco, a la muerte de su yerno Guglielmo, no solamente ocupó este Castillo que se encontraba en poder de su viuda y de su hijo aun menor de edad, Franceso , sino que además lo destruyó, obligandolos a abandonar las montañas para trasladarse hacia la costa, probablemente al poblado de Chiavari, adonde permanecieron unos cuarenta años, hasta que en el año 1132 otro Guglielmo -hijo de Franceso- reedificó el Castillo con ayuda de los genoveses, para así poder enfrentar a los condes de Lavagna que estaban en guerra con Genova y que provocaban disturbios en uno de sus límites territoriales.
    Más de tres siglos desde entonces, en el año 1490, el futuro Emperador Massimiliano (1) se alojó en lo de los Rivarola y les concedió la posibilidad de agregar al blasón de la familia, además del león sobre un fondo bermellón, el águila con corona, privilegio exclusivo de la nobleza, transformándose así en Condes Palatinos (2). Cuarenta años más tarde, el 15 de abril de 1533, el Emperador Carlo V confirmó ese privilegio concedido a la familia, en virtud de lo cual se los consideraba "familiares áulicos" (3).
    El relato que estamos referenciando prosigue señalando que por ese entonces, la vieja Chiavari estaba rodeada de fosos que impedían el acceso tanto a la ciudad como al Castillo, los que se extendían desde la actual Piazza del Tribunale hasta la Piazza delle Carrozze, y que al advenimiento de la artillería con su poder de fuego, esos fosos se tornaron inútiles, razón por la cual en 1521 se dispuso la venta de esos terrenos, "siendo los Rivarola quienes se llevaron la parte del león" y aun hoy en día una importante calle de Chiavari, justo en aquella zona, lleva el nombre de vía Rivarola.
                                                             
                                                                   
  
                                                                          (un Rivarola argentino en la via Rivarola)

      Ya comenzando con el relato de los Rivarola de actuación pública más relevante, se dice que tras muchos siglos de haber sido partidarios del Emperador, al cambiar las circunstancias políticas tambien tuvieron una relación muy estrecha con el Papa. Así encontramos en el siglo XVI a Giulio Rivarola, designado por el Papa Giulio III como Nuncio Apostólico en Portugal, y a Matteo Rivarola designado como Arzobispo de Genova en 1597.

        Me resulta extraño que este ausente de la crónica el nombre del primer Cardenal Rivarola, que fue Domenico (1575-1627), obispo de Aleria en Francia y luego Arzobispo titular de Nazaret, y de quien mi abuelo conservaba un retrato pintado nada menos que por Anton Van Dick, hoy en manos de los herederos de Chiquita y Pepe Rivarola, semejante al que actualmente se exhibe en el Portland Art Museum de esa ciudad de Oregón en los Es.Us.

                                               


    De quien sí se habla en el crónica que venimos referenciando es de otro Domenico Rivarola, que en el año 1636 fue designado medico del Papa Urbano VIII y que se indica que acumuló un importante patrimonio a tal punto que en su testamento dispuso que con las rentas de ese patrimonio fueran becados dos estudiantes de Siena, que serían designados por sus descendientes en Chiavari.

     En 1730 encontramos a Agostino Rivarola como obispo de Albenga, una diócesis de la Liguria cercana a la frontera con Francia, mientras que en el año 1741 otro Domenico Rivarola estuvo al frente de los rebeldes corsos que, financiados por el rey de Cerdeña, Carlo Emanuele III, se enfrentaron a la República de Genova, en lo que constituye la única excepción en la familia que siempre estuvo ligada a "la Dominante" como se designaba a Genova, la Dominante de los Mares. (4)

     Muchos son, prosigue el relato, los nombres de los Rivarola que en el siglo XVIII se distinguieron tanto en el ámbito civil como religioso, siendo el más conocido Stefano B. Rivarola, que fue designado como Embajador de la República de Genova ante la Corte de su Majestad el Zar de Rusia Ivan III, para lo cual debió trasladarse a San Petesburgo. Este mismo Stefano fue el fundador de la Sociedad Económica de Chiavari, una conocida institución cultural que cuenta con una muy rica biblioteca, que aun existe, y cuya primera sede estaba en el Palacio de Stefano, en via Rivarola.

     Stefano B. Rivarola era un personaje multifacetico, abierto a todas las novedades provenientes tanto de Italia como desde el exterior; regresando una vez de Paris, adonde había reparado en unas sillas "livianas" que pesaban solamente 10 kilos, mientras las normales, estilo rococó, no bajaban de los 20, propuso hacer una competencia entre los artesanos de su ciudad para encontrar al que hiciera la silla más liviana, resultando ganador un tal Giuseppe Descalzo, llamado "o campanin" -porque los respaldos de sus sillas se asemejaban a pequeños campanarios- quien fabricó una silla que pesaba menos de un kilo, y que fue el comienzo de la fabricación masiva de estas sillas que hizo a la ciudad de Chiavari famosa en todo el mundo, ya que desde allí se las llevaban -como souvenirs- los grandes personajes de la epoca, cuando regresaban a sus lugares luego de unas buenas vacaciones estivales o invernales en la costa ligur.

      Otra personalidad destacada entre los Rivarola fue el Cardenal Agostino (1758-1842), quien fue gobernador del Estado Pontificio de San Severino y que cuando los revolucionarios franceses olcuparon la región de Le Marche fue detenido y estuvo seis meses en la cárcel de Pescara. Luego de la restauración participó de tres complicados Cónclaves, los que condujeron a las sucesivas elecciones de León XII, Pio VIII y Gregorio XVI, en elecciones nada simples toda vez que el Archiduque de Austria -personaje político de suma importancia en esa epoca- quería imponer un candidato que fuese afín a su política del "diktat". Fue el cardenal Rivarola quien volcaba cuidadosamente el resultado de cada votación en registros que hoy en día se conservan en un Museo de la Sociedad Económica de Chiavari.

        Bajo el Papado de Pio VIII. el Cardenal Rivarola se hizo cargo del gobierno de la ciudad de Casena y luego enviado a Ravena con poder sobre toda la región de la Romagna, siendo durante su gobierno que se llevó a cabo el proceso judicial que condenó a cientos de "carboneros" a distintas penas (5) En 1826 regresó a Roma, adonde se le encomendó la gestión relacionada con el Agua y las Calles (6).

       Concluye el relato señalando que ya a fines del siglo XVIII se dio inicio al proceso histórico de la perdida de importancia de la vida política de los Rivarola de Chiavari, mientras que todavía se encuentra a descendientes de esta familia, aunque ya no haya descendencia noble, tanto en Genova como en Sicilia.

                                                            ***************************

  (1) Maximiliano I de Austria, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico entre el 1493 y 1519, padre -entre otros- de Felipe "el Hermoso" esposo de Juana "la Loca" y ambos a su vez los padres de Carlos V que fue quien sucedió a su abuelo como Emperador.
(2) La principal función de los Condes Palatinos era la de conceder o denegar los recursos que se interponían para ser resueltos por el Emperador, de manera que contaban con una suerte de "llave" respecto de los asuntos que llegaban o no al conocimiento de aquel, lo cual sin duda les dotaba de una enorme cuota de poder.
(3) perteneciente a la Corte; al Palacio Imperial.
(4) Este personaje -Domenico- no sería extraño que fuese el padre de la bella Margaretta, la frustrada novia de Napoleón Bonaparte según otro de los relatos que se incluyen -antes- en este blog
(5) Este movimiento revolucionario, con ideas liberales, pretendía la unificación de toda Italia y la desaparición de los Estados Pontificios.
(6) Ciudad en la cual encontró la muerte en un atentado del que fue víctima en el año 1842, al impactar una bomba en el carruaje en el que trasportaba, con toda seguridad como represalia o venganza a su actuaciones en contra de los carboneros de la Romagna.

jueves, 6 de diciembre de 2012

El 29 S .-



Dado que es en esa forma como se designa últimamente a las fechas que, por alguna razón, se transforman en importantes, creo que para la familia Rivarola el 29 de septiembre pasado fue toda una fecha, ya que después de más de quince años pudimos volver a reunirnos una gran cantidad de los descendientes de Enrique y Rita.-

La cita fue en el Colegio del Salvador, en Buenos Aires, adonde fuimos cálidamente recibidos por Agustín R. (1962), sacerdote jesuita que actualmente allí desempeña sus tareas pedagógicas y espirituales, previo haber celebrado una misa en la Iglesia contigua, en donde recordamos a todos aquellos miembros de esta querida familia que ya no están, físicamente, a nuestro lado.

Fue realmente muy emotivo cuando, en el momento que en las misas se destina a rezar especialmente por los difuntos, Agustín nos llamó a varios de nosotros para que, desde el altar, dijéramos en voz alta los nombres de todos aquellos que estarán siempre presentes en nuestro recuerdo, y que así -con toda seguridad- se debieron acercar a nuestro lado para también ellos poder participar -de alguna manera- del encuentro familiar.

Después, ya en el colegio, todo fue un gran jolgorio. El salón en donde nos reunimos estaba repleto de caras sonrientes, de todas las edades, algunas que no veíamos desde mucho tiempo, mezcladas con otras -más o mucho más jóvenes- muy parecidas a las nuestras de cuando teníamos esos mismos años.....hace ya muchos años.

En la entrada al lugar, Verónica R. (1963) había preparado unas coloridas carteleras exhibiendo a grandes rasgos, las diferentes secuencias generacionales de las distintas ramas en que se fue extendiendo la familia, mientras nos entregaban unos cartelitos muy bien diseñados, que identificaba a cada rama con un color propio, y permitía ir colocando los nombres no solo de su portador sino también de sus sucesivos ascendientes en linea directa, de modo de poder saber inmediatamente, quienes éramos y a cual de las líneas pertenecíamos.

Después de algunas idas y venidas previas, habíamos acordado finalmente que el almuerzo sería "a la canasta", de modo que todos nos fuimos ubicando en diferentes mesas, para comenzar a degustar todo aquello que habíamos llevado no solamente para nuestro propio sustento, sino también para compartir con aquellos que teníamos a nuestro lado, mientras que un calificado "tribunal" compuesto por Alejandro Arana R. (1958) y Francisco R. (1982) se dedicaban a la "ingrata" tarea de tener que elegir al mejor de los manjares, tanto de la especialidad salada como dulce, para hacer a su creador o creadora merecedor del premio "Rita Verdaguer de Rivarola", que finalmente y luego de una muy reñida competencia, le fue adjudicado a Rita (1934) y "Cuca" (1940) Nolfi, de la rama de Rita R. de Belsunce.

Algo más tarde, Ignacio R. (1966) nos hizo una impactante e hilarante explicación audiovisual de algunos acontecimientos de nuestra común historia familiar, ocurridos allá en la lejana Liguria, como para no abandonar el clima festivo que todos vivíamos, y después de algunas palabras que me pidieron que dijera, que fueron fundamentalmente de agradecimiento a todos en general y a quienes más habían colaborado para hacer posible ese encuentro, Verónica R. y Virginia de Nevares R. (1956), les cedimos la palabra a cuatro representantes, de los mayores, de cada una de las ramas que mantienen descendientes.

Así, Gloria Cucullu de Murmis (1932) -de la rama de María Luisa R.- ; Roberto Rocca Durañona (1936) -de la rama de Lola R.-; César García Belsunce ( 1927) - de la rama de Rita R.-; y Raul "Puzzy" R.(1928) -de la rama de Rodolfo- fueron desgranando recuerdos y anécdotas familiares, fundamentalmente para conocimiento de las generaciones más jóvenes, relacionadas con varios de aquellos que nos han precedido en el camino, consolidando una personalidad familiar que nos es propia, y que ellos no pudieron llegar a conocer.

De las tres personas de mayor edad de todas las ramas de la familia, se encontraban presentes dos: Ana María "Chiquita" Luro R. (1921) y Horacio García Belsunce (1924), ya que María Helena "Malelé" R. (1920) que es actualmente la mayor de todos, no pudo venir por razones de salud. Pero Horacio G.B., en su carácter del mayor de los varones, en forma totalmente espontánea nos dijo unas lindísimas palabras, mientras que Guillermo R. (1938) -de la línea primogénita de la familia, la de Mario R.- con términos muy emocionados agradeció las palabras que se habían dicho respecto de su abuelo Mario.

A continuación fueron recibidos en forma muy cálida, dos miembros de nuestra original familia Rivarola italiana, pero cuyos antepasados se radicaron en el Paraguay, quienes junto a sus esposas quisieron participar de este encuentro del cual se sintieron parte integrante, y tuvieron para con nosotros -su parentela argentina- palabras muy sentidas y cariñosas.

Teniendo en cuenta que no fue posible localizar el album que se iniciara en la familia en el año 1929, en oportunidad de producirse el primer encuentro, resolvimos comenzar con uno nuevo que, conforme a lo que se había dispuesto aquella primera vez, debía ser conservado "en todo tiempo futuro, por el varón de más edad a quien corresponda usar en primer término el apellido Rivarola", el que por tales razones le fue entregado en custodia a Raul Rodolfo "Puzzy" R. luego de haber sido firmado por buena parte de los asistentes.

Finalmente salimos a un gran patio, contiguo al salón en donde estábamos reunidos, y en el que nos costó bastante poder juntarnos para una foto global, ya que las conversaciones entre los diferentes grupos se sucedían en forma ininterrumpida, pero en un momento dado logramos colocarnos todos, de alguna manera, delante de las cámaras que varios fotógrafos/as voluntariosos se animaron a disparar, y así quedó documentado este nuevo encuentro familiar que ha dejado -al menos en varios de nosotros- recuerdos que nos serán inolvidables.

        

 
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jueves, 20 de septiembre de 2012

Algo más sobre la casa de Coronel Diaz y Juncal

   En otra entrada a este mismo blogg, hemos publicado los recuerdos que para Carlitos Rivarola tuvo una visita que hizo a la Clinica del Sol, levantada en el lugar en donde estuvo la casa de su padre en la cual pasara toda su infancia y parte de su juventud.

 En el dibujo adjunto, que también debemos a su pluma -no en vano era muy buen arquitecto- ha procurado reconstruir el plano de las dos plantas que tenía esa casa, en gráfico que considero que completa sus cálidas reflexiones en torno de la misma.

   Del mismo modo, me parece que también resulta un buen complemento, tanto del texto del artículo como del gráfico que ahora incorporamos, las siguientes reflexiones que a raíz de la lectura de los recuerdos de su padre hiciera su hija Patricia desde La Cumbre (en Córdoba) adonde vive,  junto a no pocos adornos y muebles que provienen de esta casa.


      " El escritorio que encontraba a mi abuelo tantas mañanas muy tempranas, escribiendo y, como dice papá "escribiendo, pensando, pensando y escribiendo"....ese escritorio no estaba en la planta baja, sino en el primer piso, y eso lo sé porque miro muchas veces el plano que papá dibujó....y daba al jardín donde por la mañana salía el sol....y el roble con el que fueron hechas las "tablas y gavetas", tengo la suerte de tenerlo en mi casa....y hay un cajón a la derecha, que es doble, y todavía está lleno de las cosas de mi padre.

    Es imposible que mis recuerdos sean los de él, a menos que papá me haya relatado algunas cosas.....mientras papá "ve" casi al igual que Pepe la casa pero desde la Clínica del Sol, él hace referencia a un cuadro con un niño de pelo rubio y traje de pintor, al que le han puesto la paleta en la mano derecha y el pincel en la izquierda, como si fuera zurdo.....y sin poder imaginar que muchos años después, iba a tener una hija zurda, que vengo a ser yo....Y ese cuadro está ahora colgado en mi living, al lado de una foto lindísima de Clelia o María Enriqueta (no puedo saber de cual)...Es una foto realmente linda....además seguramente fue sacada por un artista  ( está firmada)....porque....no puedo llegar a explicar cuan linda es.

    También tengo un precioso retrato de la Abuelita pero de soltera, todavía no se había casado con mi abuelo....me hacía gracia cuando papá se paraba delante del cuadro y me decía "esa no es mi madre", obviamente lo decía en chiste, para volver a contarme por décima vez, que su mamá todavía no se había casado......Mi abuelo le regaló a la Abuelita un librito diminuto que parece de plata, pero no sé, no lo creo porque recién fui a mirarlo, pero es tan pequeño, que tuve que ir a buscar la lupa que tengo en mi mesa de luz para poder ver que decía....y son las fechas de nacimiento de los siete hijos....y en la tapa dice Nannina....y recién me doy cuenta que la lupa que usé, es la misma que papá había puesto en una vitrina junto al librito, en la última casa en que vivieron papá y mamá....yo en cambio, colgue el librito con una cinta finita desde la parte de atras del cuadro (con una chinche).....y además de quedar muy lindo, a mis nietas siempre les gustó el librito y mirar cada hojita y preguntarme que eran esa fechas....

    Papá está recorriendo con su memoria, un pasillo del primer piso, y llega hasta el cuarto del "mayor de los solteros", se queda mirando asombrado como se viste o Fernando o Eduardo o Pepe.....Muchos años después me cuenta que a los pies de la cama, colgado de la pared, siempre había estado colgado un cuadro de la Virgen con el Niño, al que hoy llaman la Virgen de Schöensttat....solo que en aquella época no existía con ese nombre, ya que papá nació en el 12, o sea antes de la Primera Guerra, y ese cuadro, al que llamaron "Mater ter Admirabilis" fue puesto en el Santuario de Schöenstatt en 1915, aunque el movimiento mariano comenzó en el 14. Con los años llamaron a esa Virgen, Nuestra Señora de Schöenstatt (justamente porque Schöenstatt queda en Alemania), siendo también Mater ter Admirábilis. Esta historia la supe años después, pero papá no tenía ni idea de donde había salido ese cuadro, que siempre estaba colgado a los piés de esa cama. Papá me lo regaló creo que en 1977, y a partir de ese día siempre estuvo colgado a los pies de mi cama, a pesar de tantas mudanzas....y ahora acá también ocupa el mismo lugar.

    Y de tanto mirar ese plano puedo bajar por la escalera principal, y aunque papá no lo dibujó, con su letra pone que allí estaba el gong.....que también me regalaron mis hermanas.....y tengo un cuadro del mismo tamaño con muchas fotos pegadas, supongo que por papá, y puedo ver un sector enorme en donde estaban las bibliotecas llenas de libros....Papá trajo a casa dos bibliotecas, pero hace tanto tiempo, que me parece que siempre estuvieron en casa....en casa de mis padres, claro, y también fue un regalo que me hicieron mis hermanas...........

    Nunca tuve palmeras, pero siempre tengo jazmines y rosas, y también madreselvas....estas últimas nunca faltan, viva donde viva....y los jazmines tampoco..........."


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jueves, 13 de septiembre de 2012

Rodolfo Alcides Rivarola


    Por Rodolfo de Nevares

    (de la 4ta. generación de descendientes de Enrique
      en la rama de Rodolfo por la línea de Rodolfo A. Rivarola,
       su abuelo)


         Rodolfo Alcides Rivarola murió el 5 de diciembre de 1935 (*), como consecuencia de una enfermedad llamada pénfigo, cuyo síntoma era la aparición de ampollas en el cuerpo, que si bien aparentemente eran indoloras, picaban y había que aliviar esa picazón con cremas. Hoy es curable; en aquellos tiempos no lo era y llevaba inexorablemente a la muerte.

               Dos años y ocho meses antes de morir se había enfermado y debió ser internado en el Sanatorio Marini; en ese momento era el Director del Hospital de Niños, y finalizaba así prematuramente su carrera como médico pediatra.

               Como él era socio fundador del Sanatorio, no debió pagar los costos correspondientes durante un tiempo. Agotado éste, las cuentas del hermano caído en desgracia las continuaron pagando sus hermanos Rivarola y sus cuñados Paz Mariño. Chapeau !

               Agotada también esta vía de pago, se decidió mudarlo a un departamento en la calle Paraguay, que no llegó a concretarse pues murió poco antes.

                Durante su internación en el cuarto No. 4, su mujer Elvira Paz vivía en el de al lado. Mientras tanto sus hijas Elvira y María Elena se instalaron en la casa de sus abuelos, Leocadio Paz y Carmen Mariño    Bascary, en la calle Montevideo entre Santa Fé y Arenales.

                 Cuando Rodolfo A. murió, Elvira Paz y sus hijas alquilaron un departamento en Rodriguez Peña 1351, 1er. piso, y luego, cuando se casó Elvira (hija), se mudaron a Viamonte 682.

                  El problema económico que surgió cuando Rodolfo A. murió, fue que él tenía un seguro en oro, cuya última cuota fue pagada por sus hermanos y cuñados en pesos. Cuando la compañía de seguros debió cumplir el contrato, lo hizo en pesos también. Ante esta circunstancia, Leocadio Paz (hijo) aconsejó no hacer un juicio a la compañía aseguradora, pues si bien podía ganarse, en el interín ¿de qué iban a vivir la viuda y sus hijas?

                Personalmente pienso que este asunto del oro y los pesos se debió a que en la crisis y la depresión del 30, se terminó la convertibilidad del peso y su consecuencia sobre los contratos en metálico fue inevitable.

                 Eduardo Paz, sobrino segundo de Elvira, les dio una mano, pues como militaba en el partido conservador y era un conspicuo dirigente, les consiguió por los años 40 una pensión que provenía de la Lotería. No era esto un jolgorio en las jubilaciones como el actual, pues Elvira Paz y sus hijas debieron ir las tres juntas en una oportunidad al Congreso a declarar los motivos por los cuales cobraban esa pensión.

                 Los años pasaron y las hijas casaderas de Rodolfo A. mejoraron su suerte. Se casaron con dos jóvenes distinguidos de la sociedad porteña, Jorge A. Peró Gayan y Guillermo F. de Nevares. No me corresponde hablar de mi padre, pero sí puedo afirmar que Jorge Peró era un hombre culto, inteligente, digno, y además, pintón.

                Rodolfo A. tenía además el talento de un poeta. Sus colegas le llamaban el médico poeta. Más adelante espero tener un tiempito y transcribirles los pocos poemas que me pasó Mamá, entre ellos uno que se llama Canto a la Patria, escrito para el 25 de Mayo de 1906, que obtuvo la medalla de oro del primer premio en el Certamen Literario de los Estudiantes, y que fue impreso en un cuadernillo.

                 En 1937, en el homenaje que se efectuó al descubrir la placa en la bóveda en la Recoleta, el Dr. Pedro Chutro en su discurso expresó
   
           " Rivarola, que descansas en paz, .... Naciste para las letras, pero obedeciendo a una vocación insospechada, te entregaste de lleno al estudio de la ciencia del dolor, en la que descollaste desde el primer día...."

          Es una gran pena que nuestra generación no haya tenido la oportunidad de conocer a Rodolfo A. Rivarola.

(*) a la edad de 49 años.

      

miércoles, 22 de agosto de 2012

Un pequeño hallazgo


   Por César A. García Belsunce
( de la 3a. generación de los descendientes
 de Enrique Rivarola, en la rama de su hija Rita)


       Revolviendo libros en mi biblioteca, encontré un folleto, editado en el año 2000 por el Colegio de Abogados de La Plata, escrito por Atilio Milanta " Rivarola y el 75 aniversario del Colegio de Abogados de La Plata ", que traza una semblanza de Enrique Esteban Rivarola, hermano de Rodolfo (*). Allí se hace referencia (pág. 27/8) a que con motivo del cumpleaños de Enrique en 1926 (**) Rodolfo le envió un "presente" (no se aclara si en prosa o en verso), donde le decía "soy más viejo que tú; tú eres mi vice", a lo que Enrique respondió con un poema, que dice:

             Ni en alta cumbre, ni en terreno bajo,
             sino en un llano de gentil belleza
             dos olivos levantan la cabeza,
             símbolo de paz y de trabajo.

             Crecen fértiles ramas de destajo,
              hay arrugas del tiempo en la corteza,
              y se descubre que a ceder empieza
              bajo el peso del fruto, cada gajo.

             " -Soy más viejo que tú, tú eres mi vice"-
             prorrumpe en el silencio el más frondoso.
             Y el que le sigue en crecimiento dice:

             "Viejos no somos, aunque tal parece
             que mientras brinda el fruto generoso,
             el árbol tiene edad, más no envejece". 

                                ¡ Es una muy linda expresión de amor fraterno. que bien vale la pena de incorporar al blog !!  


(*) ambos hijos de Enrique Rivarola y de Rita Verdaguer.
(**) Enrique cumplía 64 años y su hermano Rodolfo tenía 68.

lunes, 23 de julio de 2012

Algo más sobre el Rancho de Miramar


    Por Patricia Rivarola, (desde La Cumbre, en Córdoba)

    (de la 3a. generación de los descendientes de Enrique
      por la rama de Rodolfo y en la línea de Carlos)

     "Acabo de leer lo del Rancho y me acuerdo de estar mirándote a vos -Rodolfo- trepado al molino, de puro " de que se trata, que yo me opongo", ya que me parece que éramos bastante traviesos....y mientras vos estabas allá arriba del molino, Florencia estaba en el techo del cuartito de las bicicletas con la super idea de tirarse desde ahí al suelo....lo malo es que no me acuerdo si se tiró o no.....y tampoco me acuerdo como bajaste vos del molino.

     " Te tengo que contar la versión de papá de como compraron el Rancho ... fue entre Fernando, Eduardo, Pepe y papá, y en medio del remate, no se quien se lo quería llevar y a los tíos no les alcanzaba la plata, y uno de ellos dijo "ahora vuelvo, voy a pedir plata prestada", y así fue; al rato volvió y lograron comprar el Rancho, eso fue en el año 1944, en el año en que yo nacería en mayo.

     " Como el Rancho medía una manzana papá había hecho un precioso plano para cada uno, pero lo único que llegó a hacer fueron las casitas de la 24 y 5. El terreno del fondo del Rancho era el de Pepe, y ahi muchos años después Rafa hizo su famosa cancha de futbol, con su famoso mástil, y antes de cada partido tenía que venir Berta e izar la bandera color naranja.....se armaban por ejemplo partidos entre Mar del Plata y Miramar, y venían personajes importantes a la inauguración.

     " Ahh, y tengo un recuerdo fascinante de nosotros, de todo el grupo nuestro: resulta que se había muerto un Papa, no se cual, y nosotros estábamos en el rincón más alejado del Rancho, sentados a lo indio, formando una rueda y muertos de miedo de que al siguiente Papa se le ocurriese la mala idea de ponerse el nombre de Pedro II......y hasta que no nos vinieron a buscar para decirnos que ya " Habemus Papa ", salimos todos corriendo preguntando como se llamaba el nuevo, y recién ahí pudimos respirar tranquilos.

    " Yo tengo un libro escrito por un cordobés, que fue académico de la Academia Argentina de Letras, donde tuve la suerte de trabajar tantos años; bueno, este señor académico (Jorge Vocos Lescano) me regaló un libro dedicado a mí, llamado "El tiempo más hermoso", y en ese libro hay una situación casi exacta a la que vivimos nosotros aquel día, rezando para que el próximo Papa no se llamara Pedro.....parece que todos los de nuestra generación tuvimos el mismo miedo.

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    " ¿ Te acordas de cuando había temporal en la playa, y hacía frío, y no nos dejaban ir a la playa? Entonces nos íbamos a los caños de la calle 22 (*) y jugábamos horas allí ¿te acordas?.....Yo he sido como Rafa, amé Miramar  y amé el mar.....y me acuerdo perfectamente cuando Julio Caldelara nos llevaba a nadar bien hondo.....y retrocedo en el tiempo, y recuerdo que me sentaba en el suelo, al lado del bañero que estaba mirando el mar y a la gente y me enseñaba que si había viento norte, era mar bueno, y que solía cambiar el viento entre la una y las tres, y me enseñaba que si mirabas el horizonte y veías olitas lejanas, blancas, era que estaba por cambiar el viento cuando las olitas llegasen....y ahi refrescaba y el mar se ponía dudoso.....pero si nos tocaba una semana de viento norte sin cambiar, era un mar bueno espectacular....también me enseñaba adonde había posos y como llegar hasta el banco de arena....."

     " También recuerdo la pizzería que estaba enfrente al cine Astral....mi Dios....¡ que rica esa pizza chorreando queso, y te la daban envuelta en papel de ese gris de panadería, y si tenías plata te daban ¡ la Bidu !!!!....y ahí ( en la puerta del cine) estaba la pobre muda que cuidaba las bicis chillándonos con el pito. Me contó Anita (nuestra prima hermana) que Rodrigo le contó que cuando se murió fue un entierro lleno de miramarenses....pobre....yo le tenía mucho miedo"
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     " ¿ Te acordas cuando estaba por terminar el verano? Juntábamos monedas de donde fuere, todos, para ir a Mickey a pedir lo que no podíamos comprar en todo el verano, porque era caro: tipo la Copa Mickey, enorme, altísima...jaja....¡ que genial"

    " Las Brisas"...."Tia Berta" (para mayores)....."El Caracol"....."La Central"......el -nuevo- cine, el "Gran Rex" y los viejos, "el Atlántico" y "el Astral", de donde te sacaron y te mandaron a tu casa para que te cambies ya que estabas con alpargatas...y te pusieras zapatos, o sea, mocasines, que gracioso....me acabo de acordar!
   

   (*) se refiere a unos enormes caños que estaban destinados al agua corriente y que por entonces se encontraban a la vera de la calle 22, en la parte de atrás del Rancho.

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martes, 17 de julio de 2012

M i r a m a r


     Puesto a pensar sobre recuerdos familiares de muchos años para atras -como invito a todos a hacerlo para ir completando este espacio que es de todos- saltan inmediatamente a mi memoria aquellos veranos en Miramar de mediados a fines de los 50 y comienzos de los 60, en que empezamos a transitar por la adolescencia. Miramar era, por aquel entonces, el lugar de reunión de "los grandes" de nuestra rama de la familia Rivarola, y hacia allá ibamos nosotros, los que aun no teníamos poder de decisión, ni nos lo planteábamos.

      Desconozco como fue que la familia comenzó a frecuentar aquellas playas, ya que fotos anteriores de la familia de mi padre, siendo soltero, los muestran en el Uruguay y concretamente en las playas de La Pedrera, aunque alguna vez escuché que fue mi tío abuelo Fernando el primero en llegarse hasta Miramar, adonde inclusive adquirió en un remate judicial un terreno bastante grande, con un rancho, que se remataba por las afueras de la ciudad, entusiasmando luego a sus hermanos para que lo siguiesen.

      Una vez remodelado "El Rancho" -ya que así se llamó al lugar- se convirtió en una suerte de punto de reunión familiar veraniego, ya que detrás de Fernando con su familia fueron llegando sus hermanos Eduardo, Horacio, Octavio, Pepe, Carlitos y también Roberto Rosa, cuñado de ellos, todos con sus respectivas familias que, en el caso de mi abuelo Horacio ya abarcaba inclusive a sus nietos, nosotros, que así nos comenzamos a mezclar con aquellos "primos" que en realidad eran "tios", pero de nuestra edad.

      De aquellos, los tíos de verdad, mis tíos abuelos, tengo un recuerdo más bien fotográfico....los veo en la playa, reunidos junto a sus esposas y amigos en grandes rondas, charlando....o bien tomando algo fresco o fuerte en la galería del Rancho.....o descansando en el jardín: Fernando, el dueño de casa, de ancha y fácil sonrisa muy cálida, junto a Berta su mujer, de hablar pausado y agradable sonrisa; Eduardo, más serio y como pensativo y la Beba Iturbe, muy morocha y menudita, a quien recuerdo siempre fumando; Octavio, con su tamaño y su vozarrón importantes, siempre ocurrente, con atuendos muy modernos y coloridos, junto a Tina su mujer, bastante calladita y siempre haciendo algo con las manos (cociendo, bordando, tejiendo, no se bien que haría, pero estaba siempre ocupada); Carlitos y Deli y Pepe y Chiquita, los más jóvenes, casi contemporáneos de mis padres, los recuerdo como los más deportistas, en el agua, andando en bicicletas o jugando al tenis o al golf. Entre todos ellos mis abuelos, algo más grandes que sus hermanos y mezclados con todos ellos mis padres....mi tio Horacito, su moto y cada año un auto nuevo....a cada cual más fantástico.....y muchos, muchos colaterales y amigos más.

      Entre los primos más cercanos en edad a nosotros, había como algunos sectores bien diferenciados: estaban los más grandes, que eran Rafael y Marco, hijos de Fernando; Maria José e Ignacio de los de Pepe; Ana Inés de Carlitos; Nannina y Patricio de Eduardo; Madelón y Alejandro Rosa Rivarola; Carmen y Julia Elena de los de Octavio, ya que sus otros hijos eran aun más grandes. El grupo de las mujeres que nos seguían hacia arriba lo integraban Florencia, Marcela y Ana, tres Rivarola inseparables (creo que lo siguen siendo a pesar del tiempo y las distancias), hijas respectivamente de Carlitos, Eduardo y Pepe; mientras que detrás veníamos Maria Luisa (de Eduardo), Patricia (de Carlitos), Horacio y Rodrigo (de Pepe), Ricardo (de Horacito), mi hermana Lia y yo, todos Rivarola, y aún más chicos que nosotros quedaban José y Eduardo (de Pepe) y Pedro (de Carlitos). ¡ Que cantidad !!

     Sin embargo y a pesar de las -por entonces- marcadas diferencias de edad, todos eramos primos que compartíamos espacios comunes, carpas, bicicletas, almuerzos playeros, armado de casitas donde pasábamos las horas, guitarreadas, tardes de helados y tostados en Mickey, cigarrillos a escondidas, películas en los cines, etc. etc., mientras " los grandes " se divertían a su modo, dejándonos una gran libertad, que por lo general usábamos con bastante cautela.

     El terreno adonde estaba aquel  " Rancho " de Fernando -y en donde en el mes de enero se festejaba su cumpleaños con un gran asado, al que los más chicos no íbamos, pero que espiábamos desde la calle- ocupaba toda una manzana -la de las calles 24, 7, 22 y 5- y en un momento dado en una de las esquinas de esa manzana se contruyeron dos lindas casitas, pegadas entre ellas pared de por medio, que durante varios veranos ocupamos una la familia de Pepe y otra nosotros, de modo de permitirnos a los primos, además de estar juntos todo el día, poder hacerlo también por las noches, con solo saltar la medianera.

     Como el verano es una época de tanta diversión y poco compromiso, tengo asociados aquellos momentos junto a mi "familia grande" a los de una gran felicidad y si bien los encuentros entre nosotros se suspendían durante el invierno con la gran mayoría de ellos, se reanudaban al año siguiente con la misma o superior intensidad. Y ni que decir de aquel año en que se suspendió el inicio de las clases por una gran epidemia de parálisis infantil y nos tuvimos que quedar en Miramar como hasta el mes de abril ¡ que bueno
 que fue !

    No puedo dejar de relacionar aquella época tan feliz con la de nuestros primeros "suspiros amorosos"....o con los noviazgos más serios de nuestros primos y primas mayores, a quienes nos divertía tanto espiar a la distancia, como con seguridad nosotros fuimos espiados después por quienes nos seguían.
 
     Ahora hace muchos años que no he vuelto por allá. Pienso que el "Rancho" aun debe estar en manos de Marco y de los hijos de Rafa....no lo sé. Sí se que en una de las casitas vive en forma permanente mi primo Rodrigo junto a su familia desde hace unos cuantos años. Lo que ocurre es que después de aquellos buenos tiempos, como siempre ocurre, la vida nos fue llevando a unos y otros por caminos muy diferentes, no obstante lo cual, estoy convencido que a todos nosotros, los que alguna vez compartimos aquellos veranos en Miramar, nos ha quedado como una huella imborrable en nuestras memorias, que hace que cada tanto, cuando alguna vez nos encontramos, en algún momento de nuestra conversación el Miramar de aquellos veranos vuelva para hacerse presente.