jueves, 6 de diciembre de 2012

El 29 S .-



Dado que es en esa forma como se designa últimamente a las fechas que, por alguna razón, se transforman en importantes, creo que para la familia Rivarola el 29 de septiembre pasado fue toda una fecha, ya que después de más de quince años pudimos volver a reunirnos una gran cantidad de los descendientes de Enrique y Rita.-

La cita fue en el Colegio del Salvador, en Buenos Aires, adonde fuimos cálidamente recibidos por Agustín R. (1962), sacerdote jesuita que actualmente allí desempeña sus tareas pedagógicas y espirituales, previo haber celebrado una misa en la Iglesia contigua, en donde recordamos a todos aquellos miembros de esta querida familia que ya no están, físicamente, a nuestro lado.

Fue realmente muy emotivo cuando, en el momento que en las misas se destina a rezar especialmente por los difuntos, Agustín nos llamó a varios de nosotros para que, desde el altar, dijéramos en voz alta los nombres de todos aquellos que estarán siempre presentes en nuestro recuerdo, y que así -con toda seguridad- se debieron acercar a nuestro lado para también ellos poder participar -de alguna manera- del encuentro familiar.

Después, ya en el colegio, todo fue un gran jolgorio. El salón en donde nos reunimos estaba repleto de caras sonrientes, de todas las edades, algunas que no veíamos desde mucho tiempo, mezcladas con otras -más o mucho más jóvenes- muy parecidas a las nuestras de cuando teníamos esos mismos años.....hace ya muchos años.

En la entrada al lugar, Verónica R. (1963) había preparado unas coloridas carteleras exhibiendo a grandes rasgos, las diferentes secuencias generacionales de las distintas ramas en que se fue extendiendo la familia, mientras nos entregaban unos cartelitos muy bien diseñados, que identificaba a cada rama con un color propio, y permitía ir colocando los nombres no solo de su portador sino también de sus sucesivos ascendientes en linea directa, de modo de poder saber inmediatamente, quienes éramos y a cual de las líneas pertenecíamos.

Después de algunas idas y venidas previas, habíamos acordado finalmente que el almuerzo sería "a la canasta", de modo que todos nos fuimos ubicando en diferentes mesas, para comenzar a degustar todo aquello que habíamos llevado no solamente para nuestro propio sustento, sino también para compartir con aquellos que teníamos a nuestro lado, mientras que un calificado "tribunal" compuesto por Alejandro Arana R. (1958) y Francisco R. (1982) se dedicaban a la "ingrata" tarea de tener que elegir al mejor de los manjares, tanto de la especialidad salada como dulce, para hacer a su creador o creadora merecedor del premio "Rita Verdaguer de Rivarola", que finalmente y luego de una muy reñida competencia, le fue adjudicado a Rita (1934) y "Cuca" (1940) Nolfi, de la rama de Rita R. de Belsunce.

Algo más tarde, Ignacio R. (1966) nos hizo una impactante e hilarante explicación audiovisual de algunos acontecimientos de nuestra común historia familiar, ocurridos allá en la lejana Liguria, como para no abandonar el clima festivo que todos vivíamos, y después de algunas palabras que me pidieron que dijera, que fueron fundamentalmente de agradecimiento a todos en general y a quienes más habían colaborado para hacer posible ese encuentro, Verónica R. y Virginia de Nevares R. (1956), les cedimos la palabra a cuatro representantes, de los mayores, de cada una de las ramas que mantienen descendientes.

Así, Gloria Cucullu de Murmis (1932) -de la rama de María Luisa R.- ; Roberto Rocca Durañona (1936) -de la rama de Lola R.-; César García Belsunce ( 1927) - de la rama de Rita R.-; y Raul "Puzzy" R.(1928) -de la rama de Rodolfo- fueron desgranando recuerdos y anécdotas familiares, fundamentalmente para conocimiento de las generaciones más jóvenes, relacionadas con varios de aquellos que nos han precedido en el camino, consolidando una personalidad familiar que nos es propia, y que ellos no pudieron llegar a conocer.

De las tres personas de mayor edad de todas las ramas de la familia, se encontraban presentes dos: Ana María "Chiquita" Luro R. (1921) y Horacio García Belsunce (1924), ya que María Helena "Malelé" R. (1920) que es actualmente la mayor de todos, no pudo venir por razones de salud. Pero Horacio G.B., en su carácter del mayor de los varones, en forma totalmente espontánea nos dijo unas lindísimas palabras, mientras que Guillermo R. (1938) -de la línea primogénita de la familia, la de Mario R.- con términos muy emocionados agradeció las palabras que se habían dicho respecto de su abuelo Mario.

A continuación fueron recibidos en forma muy cálida, dos miembros de nuestra original familia Rivarola italiana, pero cuyos antepasados se radicaron en el Paraguay, quienes junto a sus esposas quisieron participar de este encuentro del cual se sintieron parte integrante, y tuvieron para con nosotros -su parentela argentina- palabras muy sentidas y cariñosas.

Teniendo en cuenta que no fue posible localizar el album que se iniciara en la familia en el año 1929, en oportunidad de producirse el primer encuentro, resolvimos comenzar con uno nuevo que, conforme a lo que se había dispuesto aquella primera vez, debía ser conservado "en todo tiempo futuro, por el varón de más edad a quien corresponda usar en primer término el apellido Rivarola", el que por tales razones le fue entregado en custodia a Raul Rodolfo "Puzzy" R. luego de haber sido firmado por buena parte de los asistentes.

Finalmente salimos a un gran patio, contiguo al salón en donde estábamos reunidos, y en el que nos costó bastante poder juntarnos para una foto global, ya que las conversaciones entre los diferentes grupos se sucedían en forma ininterrumpida, pero en un momento dado logramos colocarnos todos, de alguna manera, delante de las cámaras que varios fotógrafos/as voluntariosos se animaron a disparar, y así quedó documentado este nuevo encuentro familiar que ha dejado -al menos en varios de nosotros- recuerdos que nos serán inolvidables.

        

 
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jueves, 20 de septiembre de 2012

Algo más sobre la casa de Coronel Diaz y Juncal

   En otra entrada a este mismo blogg, hemos publicado los recuerdos que para Carlitos Rivarola tuvo una visita que hizo a la Clinica del Sol, levantada en el lugar en donde estuvo la casa de su padre en la cual pasara toda su infancia y parte de su juventud.

 En el dibujo adjunto, que también debemos a su pluma -no en vano era muy buen arquitecto- ha procurado reconstruir el plano de las dos plantas que tenía esa casa, en gráfico que considero que completa sus cálidas reflexiones en torno de la misma.

   Del mismo modo, me parece que también resulta un buen complemento, tanto del texto del artículo como del gráfico que ahora incorporamos, las siguientes reflexiones que a raíz de la lectura de los recuerdos de su padre hiciera su hija Patricia desde La Cumbre (en Córdoba) adonde vive,  junto a no pocos adornos y muebles que provienen de esta casa.


      " El escritorio que encontraba a mi abuelo tantas mañanas muy tempranas, escribiendo y, como dice papá "escribiendo, pensando, pensando y escribiendo"....ese escritorio no estaba en la planta baja, sino en el primer piso, y eso lo sé porque miro muchas veces el plano que papá dibujó....y daba al jardín donde por la mañana salía el sol....y el roble con el que fueron hechas las "tablas y gavetas", tengo la suerte de tenerlo en mi casa....y hay un cajón a la derecha, que es doble, y todavía está lleno de las cosas de mi padre.

    Es imposible que mis recuerdos sean los de él, a menos que papá me haya relatado algunas cosas.....mientras papá "ve" casi al igual que Pepe la casa pero desde la Clínica del Sol, él hace referencia a un cuadro con un niño de pelo rubio y traje de pintor, al que le han puesto la paleta en la mano derecha y el pincel en la izquierda, como si fuera zurdo.....y sin poder imaginar que muchos años después, iba a tener una hija zurda, que vengo a ser yo....Y ese cuadro está ahora colgado en mi living, al lado de una foto lindísima de Clelia o María Enriqueta (no puedo saber de cual)...Es una foto realmente linda....además seguramente fue sacada por un artista  ( está firmada)....porque....no puedo llegar a explicar cuan linda es.

    También tengo un precioso retrato de la Abuelita pero de soltera, todavía no se había casado con mi abuelo....me hacía gracia cuando papá se paraba delante del cuadro y me decía "esa no es mi madre", obviamente lo decía en chiste, para volver a contarme por décima vez, que su mamá todavía no se había casado......Mi abuelo le regaló a la Abuelita un librito diminuto que parece de plata, pero no sé, no lo creo porque recién fui a mirarlo, pero es tan pequeño, que tuve que ir a buscar la lupa que tengo en mi mesa de luz para poder ver que decía....y son las fechas de nacimiento de los siete hijos....y en la tapa dice Nannina....y recién me doy cuenta que la lupa que usé, es la misma que papá había puesto en una vitrina junto al librito, en la última casa en que vivieron papá y mamá....yo en cambio, colgue el librito con una cinta finita desde la parte de atras del cuadro (con una chinche).....y además de quedar muy lindo, a mis nietas siempre les gustó el librito y mirar cada hojita y preguntarme que eran esa fechas....

    Papá está recorriendo con su memoria, un pasillo del primer piso, y llega hasta el cuarto del "mayor de los solteros", se queda mirando asombrado como se viste o Fernando o Eduardo o Pepe.....Muchos años después me cuenta que a los pies de la cama, colgado de la pared, siempre había estado colgado un cuadro de la Virgen con el Niño, al que hoy llaman la Virgen de Schöensttat....solo que en aquella época no existía con ese nombre, ya que papá nació en el 12, o sea antes de la Primera Guerra, y ese cuadro, al que llamaron "Mater ter Admirabilis" fue puesto en el Santuario de Schöenstatt en 1915, aunque el movimiento mariano comenzó en el 14. Con los años llamaron a esa Virgen, Nuestra Señora de Schöenstatt (justamente porque Schöenstatt queda en Alemania), siendo también Mater ter Admirábilis. Esta historia la supe años después, pero papá no tenía ni idea de donde había salido ese cuadro, que siempre estaba colgado a los piés de esa cama. Papá me lo regaló creo que en 1977, y a partir de ese día siempre estuvo colgado a los pies de mi cama, a pesar de tantas mudanzas....y ahora acá también ocupa el mismo lugar.

    Y de tanto mirar ese plano puedo bajar por la escalera principal, y aunque papá no lo dibujó, con su letra pone que allí estaba el gong.....que también me regalaron mis hermanas.....y tengo un cuadro del mismo tamaño con muchas fotos pegadas, supongo que por papá, y puedo ver un sector enorme en donde estaban las bibliotecas llenas de libros....Papá trajo a casa dos bibliotecas, pero hace tanto tiempo, que me parece que siempre estuvieron en casa....en casa de mis padres, claro, y también fue un regalo que me hicieron mis hermanas...........

    Nunca tuve palmeras, pero siempre tengo jazmines y rosas, y también madreselvas....estas últimas nunca faltan, viva donde viva....y los jazmines tampoco..........."


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jueves, 13 de septiembre de 2012

Rodolfo Alcides Rivarola


    Por Rodolfo de Nevares

    (de la 4ta. generación de descendientes de Enrique
      en la rama de Rodolfo por la línea de Rodolfo A. Rivarola,
       su abuelo)


         Rodolfo Alcides Rivarola murió el 5 de diciembre de 1935 (*), como consecuencia de una enfermedad llamada pénfigo, cuyo síntoma era la aparición de ampollas en el cuerpo, que si bien aparentemente eran indoloras, picaban y había que aliviar esa picazón con cremas. Hoy es curable; en aquellos tiempos no lo era y llevaba inexorablemente a la muerte.

               Dos años y ocho meses antes de morir se había enfermado y debió ser internado en el Sanatorio Marini; en ese momento era el Director del Hospital de Niños, y finalizaba así prematuramente su carrera como médico pediatra.

               Como él era socio fundador del Sanatorio, no debió pagar los costos correspondientes durante un tiempo. Agotado éste, las cuentas del hermano caído en desgracia las continuaron pagando sus hermanos Rivarola y sus cuñados Paz Mariño. Chapeau !

               Agotada también esta vía de pago, se decidió mudarlo a un departamento en la calle Paraguay, que no llegó a concretarse pues murió poco antes.

                Durante su internación en el cuarto No. 4, su mujer Elvira Paz vivía en el de al lado. Mientras tanto sus hijas Elvira y María Elena se instalaron en la casa de sus abuelos, Leocadio Paz y Carmen Mariño    Bascary, en la calle Montevideo entre Santa Fé y Arenales.

                 Cuando Rodolfo A. murió, Elvira Paz y sus hijas alquilaron un departamento en Rodriguez Peña 1351, 1er. piso, y luego, cuando se casó Elvira (hija), se mudaron a Viamonte 682.

                  El problema económico que surgió cuando Rodolfo A. murió, fue que él tenía un seguro en oro, cuya última cuota fue pagada por sus hermanos y cuñados en pesos. Cuando la compañía de seguros debió cumplir el contrato, lo hizo en pesos también. Ante esta circunstancia, Leocadio Paz (hijo) aconsejó no hacer un juicio a la compañía aseguradora, pues si bien podía ganarse, en el interín ¿de qué iban a vivir la viuda y sus hijas?

                Personalmente pienso que este asunto del oro y los pesos se debió a que en la crisis y la depresión del 30, se terminó la convertibilidad del peso y su consecuencia sobre los contratos en metálico fue inevitable.

                 Eduardo Paz, sobrino segundo de Elvira, les dio una mano, pues como militaba en el partido conservador y era un conspicuo dirigente, les consiguió por los años 40 una pensión que provenía de la Lotería. No era esto un jolgorio en las jubilaciones como el actual, pues Elvira Paz y sus hijas debieron ir las tres juntas en una oportunidad al Congreso a declarar los motivos por los cuales cobraban esa pensión.

                 Los años pasaron y las hijas casaderas de Rodolfo A. mejoraron su suerte. Se casaron con dos jóvenes distinguidos de la sociedad porteña, Jorge A. Peró Gayan y Guillermo F. de Nevares. No me corresponde hablar de mi padre, pero sí puedo afirmar que Jorge Peró era un hombre culto, inteligente, digno, y además, pintón.

                Rodolfo A. tenía además el talento de un poeta. Sus colegas le llamaban el médico poeta. Más adelante espero tener un tiempito y transcribirles los pocos poemas que me pasó Mamá, entre ellos uno que se llama Canto a la Patria, escrito para el 25 de Mayo de 1906, que obtuvo la medalla de oro del primer premio en el Certamen Literario de los Estudiantes, y que fue impreso en un cuadernillo.

                 En 1937, en el homenaje que se efectuó al descubrir la placa en la bóveda en la Recoleta, el Dr. Pedro Chutro en su discurso expresó
   
           " Rivarola, que descansas en paz, .... Naciste para las letras, pero obedeciendo a una vocación insospechada, te entregaste de lleno al estudio de la ciencia del dolor, en la que descollaste desde el primer día...."

          Es una gran pena que nuestra generación no haya tenido la oportunidad de conocer a Rodolfo A. Rivarola.

(*) a la edad de 49 años.

      

miércoles, 22 de agosto de 2012

Un pequeño hallazgo


   Por César A. García Belsunce
( de la 3a. generación de los descendientes
 de Enrique Rivarola, en la rama de su hija Rita)


       Revolviendo libros en mi biblioteca, encontré un folleto, editado en el año 2000 por el Colegio de Abogados de La Plata, escrito por Atilio Milanta " Rivarola y el 75 aniversario del Colegio de Abogados de La Plata ", que traza una semblanza de Enrique Esteban Rivarola, hermano de Rodolfo (*). Allí se hace referencia (pág. 27/8) a que con motivo del cumpleaños de Enrique en 1926 (**) Rodolfo le envió un "presente" (no se aclara si en prosa o en verso), donde le decía "soy más viejo que tú; tú eres mi vice", a lo que Enrique respondió con un poema, que dice:

             Ni en alta cumbre, ni en terreno bajo,
             sino en un llano de gentil belleza
             dos olivos levantan la cabeza,
             símbolo de paz y de trabajo.

             Crecen fértiles ramas de destajo,
              hay arrugas del tiempo en la corteza,
              y se descubre que a ceder empieza
              bajo el peso del fruto, cada gajo.

             " -Soy más viejo que tú, tú eres mi vice"-
             prorrumpe en el silencio el más frondoso.
             Y el que le sigue en crecimiento dice:

             "Viejos no somos, aunque tal parece
             que mientras brinda el fruto generoso,
             el árbol tiene edad, más no envejece". 

                                ¡ Es una muy linda expresión de amor fraterno. que bien vale la pena de incorporar al blog !!  


(*) ambos hijos de Enrique Rivarola y de Rita Verdaguer.
(**) Enrique cumplía 64 años y su hermano Rodolfo tenía 68.

lunes, 23 de julio de 2012

Algo más sobre el Rancho de Miramar


    Por Patricia Rivarola, (desde La Cumbre, en Córdoba)

    (de la 3a. generación de los descendientes de Enrique
      por la rama de Rodolfo y en la línea de Carlos)

     "Acabo de leer lo del Rancho y me acuerdo de estar mirándote a vos -Rodolfo- trepado al molino, de puro " de que se trata, que yo me opongo", ya que me parece que éramos bastante traviesos....y mientras vos estabas allá arriba del molino, Florencia estaba en el techo del cuartito de las bicicletas con la super idea de tirarse desde ahí al suelo....lo malo es que no me acuerdo si se tiró o no.....y tampoco me acuerdo como bajaste vos del molino.

     " Te tengo que contar la versión de papá de como compraron el Rancho ... fue entre Fernando, Eduardo, Pepe y papá, y en medio del remate, no se quien se lo quería llevar y a los tíos no les alcanzaba la plata, y uno de ellos dijo "ahora vuelvo, voy a pedir plata prestada", y así fue; al rato volvió y lograron comprar el Rancho, eso fue en el año 1944, en el año en que yo nacería en mayo.

     " Como el Rancho medía una manzana papá había hecho un precioso plano para cada uno, pero lo único que llegó a hacer fueron las casitas de la 24 y 5. El terreno del fondo del Rancho era el de Pepe, y ahi muchos años después Rafa hizo su famosa cancha de futbol, con su famoso mástil, y antes de cada partido tenía que venir Berta e izar la bandera color naranja.....se armaban por ejemplo partidos entre Mar del Plata y Miramar, y venían personajes importantes a la inauguración.

     " Ahh, y tengo un recuerdo fascinante de nosotros, de todo el grupo nuestro: resulta que se había muerto un Papa, no se cual, y nosotros estábamos en el rincón más alejado del Rancho, sentados a lo indio, formando una rueda y muertos de miedo de que al siguiente Papa se le ocurriese la mala idea de ponerse el nombre de Pedro II......y hasta que no nos vinieron a buscar para decirnos que ya " Habemus Papa ", salimos todos corriendo preguntando como se llamaba el nuevo, y recién ahí pudimos respirar tranquilos.

    " Yo tengo un libro escrito por un cordobés, que fue académico de la Academia Argentina de Letras, donde tuve la suerte de trabajar tantos años; bueno, este señor académico (Jorge Vocos Lescano) me regaló un libro dedicado a mí, llamado "El tiempo más hermoso", y en ese libro hay una situación casi exacta a la que vivimos nosotros aquel día, rezando para que el próximo Papa no se llamara Pedro.....parece que todos los de nuestra generación tuvimos el mismo miedo.

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    " ¿ Te acordas de cuando había temporal en la playa, y hacía frío, y no nos dejaban ir a la playa? Entonces nos íbamos a los caños de la calle 22 (*) y jugábamos horas allí ¿te acordas?.....Yo he sido como Rafa, amé Miramar  y amé el mar.....y me acuerdo perfectamente cuando Julio Caldelara nos llevaba a nadar bien hondo.....y retrocedo en el tiempo, y recuerdo que me sentaba en el suelo, al lado del bañero que estaba mirando el mar y a la gente y me enseñaba que si había viento norte, era mar bueno, y que solía cambiar el viento entre la una y las tres, y me enseñaba que si mirabas el horizonte y veías olitas lejanas, blancas, era que estaba por cambiar el viento cuando las olitas llegasen....y ahi refrescaba y el mar se ponía dudoso.....pero si nos tocaba una semana de viento norte sin cambiar, era un mar bueno espectacular....también me enseñaba adonde había posos y como llegar hasta el banco de arena....."

     " También recuerdo la pizzería que estaba enfrente al cine Astral....mi Dios....¡ que rica esa pizza chorreando queso, y te la daban envuelta en papel de ese gris de panadería, y si tenías plata te daban ¡ la Bidu !!!!....y ahí ( en la puerta del cine) estaba la pobre muda que cuidaba las bicis chillándonos con el pito. Me contó Anita (nuestra prima hermana) que Rodrigo le contó que cuando se murió fue un entierro lleno de miramarenses....pobre....yo le tenía mucho miedo"
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     " ¿ Te acordas cuando estaba por terminar el verano? Juntábamos monedas de donde fuere, todos, para ir a Mickey a pedir lo que no podíamos comprar en todo el verano, porque era caro: tipo la Copa Mickey, enorme, altísima...jaja....¡ que genial"

    " Las Brisas"...."Tia Berta" (para mayores)....."El Caracol"....."La Central"......el -nuevo- cine, el "Gran Rex" y los viejos, "el Atlántico" y "el Astral", de donde te sacaron y te mandaron a tu casa para que te cambies ya que estabas con alpargatas...y te pusieras zapatos, o sea, mocasines, que gracioso....me acabo de acordar!
   

   (*) se refiere a unos enormes caños que estaban destinados al agua corriente y que por entonces se encontraban a la vera de la calle 22, en la parte de atrás del Rancho.

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martes, 17 de julio de 2012

M i r a m a r


     Puesto a pensar sobre recuerdos familiares de muchos años para atras -como invito a todos a hacerlo para ir completando este espacio que es de todos- saltan inmediatamente a mi memoria aquellos veranos en Miramar de mediados a fines de los 50 y comienzos de los 60, en que empezamos a transitar por la adolescencia. Miramar era, por aquel entonces, el lugar de reunión de "los grandes" de nuestra rama de la familia Rivarola, y hacia allá ibamos nosotros, los que aun no teníamos poder de decisión, ni nos lo planteábamos.

      Desconozco como fue que la familia comenzó a frecuentar aquellas playas, ya que fotos anteriores de la familia de mi padre, siendo soltero, los muestran en el Uruguay y concretamente en las playas de La Pedrera, aunque alguna vez escuché que fue mi tío abuelo Fernando el primero en llegarse hasta Miramar, adonde inclusive adquirió en un remate judicial un terreno bastante grande, con un rancho, que se remataba por las afueras de la ciudad, entusiasmando luego a sus hermanos para que lo siguiesen.

      Una vez remodelado "El Rancho" -ya que así se llamó al lugar- se convirtió en una suerte de punto de reunión familiar veraniego, ya que detrás de Fernando con su familia fueron llegando sus hermanos Eduardo, Horacio, Octavio, Pepe, Carlitos y también Roberto Rosa, cuñado de ellos, todos con sus respectivas familias que, en el caso de mi abuelo Horacio ya abarcaba inclusive a sus nietos, nosotros, que así nos comenzamos a mezclar con aquellos "primos" que en realidad eran "tios", pero de nuestra edad.

      De aquellos, los tíos de verdad, mis tíos abuelos, tengo un recuerdo más bien fotográfico....los veo en la playa, reunidos junto a sus esposas y amigos en grandes rondas, charlando....o bien tomando algo fresco o fuerte en la galería del Rancho.....o descansando en el jardín: Fernando, el dueño de casa, de ancha y fácil sonrisa muy cálida, junto a Berta su mujer, de hablar pausado y agradable sonrisa; Eduardo, más serio y como pensativo y la Beba Iturbe, muy morocha y menudita, a quien recuerdo siempre fumando; Octavio, con su tamaño y su vozarrón importantes, siempre ocurrente, con atuendos muy modernos y coloridos, junto a Tina su mujer, bastante calladita y siempre haciendo algo con las manos (cociendo, bordando, tejiendo, no se bien que haría, pero estaba siempre ocupada); Carlitos y Deli y Pepe y Chiquita, los más jóvenes, casi contemporáneos de mis padres, los recuerdo como los más deportistas, en el agua, andando en bicicletas o jugando al tenis o al golf. Entre todos ellos mis abuelos, algo más grandes que sus hermanos y mezclados con todos ellos mis padres....mi tio Horacito, su moto y cada año un auto nuevo....a cada cual más fantástico.....y muchos, muchos colaterales y amigos más.

      Entre los primos más cercanos en edad a nosotros, había como algunos sectores bien diferenciados: estaban los más grandes, que eran Rafael y Marco, hijos de Fernando; Maria José e Ignacio de los de Pepe; Ana Inés de Carlitos; Nannina y Patricio de Eduardo; Madelón y Alejandro Rosa Rivarola; Carmen y Julia Elena de los de Octavio, ya que sus otros hijos eran aun más grandes. El grupo de las mujeres que nos seguían hacia arriba lo integraban Florencia, Marcela y Ana, tres Rivarola inseparables (creo que lo siguen siendo a pesar del tiempo y las distancias), hijas respectivamente de Carlitos, Eduardo y Pepe; mientras que detrás veníamos Maria Luisa (de Eduardo), Patricia (de Carlitos), Horacio y Rodrigo (de Pepe), Ricardo (de Horacito), mi hermana Lia y yo, todos Rivarola, y aún más chicos que nosotros quedaban José y Eduardo (de Pepe) y Pedro (de Carlitos). ¡ Que cantidad !!

     Sin embargo y a pesar de las -por entonces- marcadas diferencias de edad, todos eramos primos que compartíamos espacios comunes, carpas, bicicletas, almuerzos playeros, armado de casitas donde pasábamos las horas, guitarreadas, tardes de helados y tostados en Mickey, cigarrillos a escondidas, películas en los cines, etc. etc., mientras " los grandes " se divertían a su modo, dejándonos una gran libertad, que por lo general usábamos con bastante cautela.

     El terreno adonde estaba aquel  " Rancho " de Fernando -y en donde en el mes de enero se festejaba su cumpleaños con un gran asado, al que los más chicos no íbamos, pero que espiábamos desde la calle- ocupaba toda una manzana -la de las calles 24, 7, 22 y 5- y en un momento dado en una de las esquinas de esa manzana se contruyeron dos lindas casitas, pegadas entre ellas pared de por medio, que durante varios veranos ocupamos una la familia de Pepe y otra nosotros, de modo de permitirnos a los primos, además de estar juntos todo el día, poder hacerlo también por las noches, con solo saltar la medianera.

     Como el verano es una época de tanta diversión y poco compromiso, tengo asociados aquellos momentos junto a mi "familia grande" a los de una gran felicidad y si bien los encuentros entre nosotros se suspendían durante el invierno con la gran mayoría de ellos, se reanudaban al año siguiente con la misma o superior intensidad. Y ni que decir de aquel año en que se suspendió el inicio de las clases por una gran epidemia de parálisis infantil y nos tuvimos que quedar en Miramar como hasta el mes de abril ¡ que bueno
 que fue !

    No puedo dejar de relacionar aquella época tan feliz con la de nuestros primeros "suspiros amorosos"....o con los noviazgos más serios de nuestros primos y primas mayores, a quienes nos divertía tanto espiar a la distancia, como con seguridad nosotros fuimos espiados después por quienes nos seguían.
 
     Ahora hace muchos años que no he vuelto por allá. Pienso que el "Rancho" aun debe estar en manos de Marco y de los hijos de Rafa....no lo sé. Sí se que en una de las casitas vive en forma permanente mi primo Rodrigo junto a su familia desde hace unos cuantos años. Lo que ocurre es que después de aquellos buenos tiempos, como siempre ocurre, la vida nos fue llevando a unos y otros por caminos muy diferentes, no obstante lo cual, estoy convencido que a todos nosotros, los que alguna vez compartimos aquellos veranos en Miramar, nos ha quedado como una huella imborrable en nuestras memorias, que hace que cada tanto, cuando alguna vez nos encontramos, en algún momento de nuestra conversación el Miramar de aquellos veranos vuelva para hacerse presente.


miércoles, 11 de julio de 2012

Una carta deliciosa....y un verso precioso


Mi prima Patricia Rivarola me ha enviado, desde La Cumbre en Córdoba, el texto de una preciosa carta que encontró entre muchos papeles de su padre, Carlitos, y que éste recibiera en el año 1923 de  Chiquita,  la futura madre de los Rivarola - Rivarola, que por aquel entonces contaba con 11 años de edad, tan solo uno menos que su tío, el destinatario de la deliciosa correspondencia, que a continuación se transcribe:

 "  18 de Nobiembre de 1923.- 


Mi querido Carlos:


      Ayer la Tota (*) recibió tu carta y se puso muy contenta.
      Me himajino lo aburrido que estaras si alla es muy feo.
      Aqui te mando esta muñeca porque como yo no puedo meterme en el sobre va ella en mi lugar, la corte de un figurin y era la mas linda que habia porque las otras eran un muy feas.
      El 4 de enero nos vamos a la Estancia de Clelia (**) y de alla te escribire, y si me saco un retrato te mandare.
      Yo deseo que /...../ vengas pronto pero....................... Todavia ay muyo tiempo.
      La casa de aca arlado ya la han terminado y vienen viven unas chicas y la mas chica que es como El Chiche (***) se mete en casa a cada momento sin que nadie la yame.
     Escribime (pronto ant.) el 30 de Diciembre con la dirección de la Estancia de Clelia por si me escribis aca mo ne va a llevar. Yo y el Gringo (****) emos aprendido de andar en bisicleta de dos ruedas.
     Muchos recuerdos a Abuelito y a Olga y para ti un fuerte abrazo.
     Feliz Año Muevo, Navidad y Reyes.
     Chiquita "




    Y esta misma Chiquita es la que le inspiró a su abuelo, Rodolfo Rivarola, estos versos, que provienen de la memoria " de fierro" de Ana Rivarola, hija de aquella:


      "  Ayer mi nieticita, la de cabellos de oro y ojos de cielo,
          abandonando el bullicioso coro de los otros chicuelos,
          hízome una extraña pregunta, capaz de enloquecer
         a mil abuelos que se empeñaran de tratarlo en junta.


      " ¿Es cierto mi abuelito, tiene más años Dios que el infinito?
         Atónito, confuso y con sonrojo, abrí los ojos en señal
         de la sorpresa mía, y respondí; más la respuesta olvido,
         fue aquello un incesante balbuceo.


     "  Veinte años de estudiar filosofía, y otros veinte 
        que medito y leo, creyendo que el saber disipa engaños,
        compruebo mi ignorancia, 
        ante mi nietecita de cuatro años " 


                                                  xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx


     (*)  Se refiere a Alicia, su hermana mayor, a quien por entonces así llamaban.-

     (**) Es "El Chara", un campo de Rufino Luro, esposo de Clelia Rivarola, en la provincia de Bs.As., al sur del río Colorado.

     (***) Sin seguridad creo que la referencia es al varón de los Luro Rivarola
       
     (****) Alude a su hermano, Rodolfo E. , mi padre.